ARTÍCULO

Del valor de la risa

Tusquets, Barcelona, 374 págs.
 

Publicada en 1992, La parábola deCarmen la Reina no tuvo en su día la recepción crítica que cabría haber esperado. La reedición permitirá una acogida más amplia a una obra que había pasado a ser, sin más, una referencia de «culto».

La novela de Talens convence, ante todo, por la sabia conjunción de cultura popular y libresca. Junto a la recuperación de «tipos» que forman parte de nuestro más enraizado folclore –clérigos libertinos, condenados a calmar en solitario la rebeldía de su sangre; militares fanfarrones, que recordarán de por vida sus ridículas victorias; locos y bufones, matasanos, mujeres de la vida...– el granadino enarbola, desde una absoluta modestia, la bandera de la imitación, asumiéndola desde el sentido clásico del término. El ejercicio de la lectura se convierte así en una gozosa tarea de reconocimiento de las fuentes en que ha bebido el novelista. Talens se sabe deudor de una fecunda tradición –fundamentalmente hispánica– y la hace suya, consciente de que cuanto más transparente sea el poso mayor será el homenaje rendido a dicho legado. Sin embargo, de la amplia nómina de escritores a los que, en mayor o menor medida, remite La parábola..., se observa un claro decantamiento por aquellos que tomaron el camino de la literatura festiva, esto es la encaminada a provocar, por encima de cualquier otro objetivo, el divertimento de sus lectores. Dentro de dicha veta, es, sin lugar a dudas, la parodia el género privilegiado a lo largo de nuestra historia literaria. No por obvio resulta menos pertinente traer aquí los nombres de Cervantes y Quevedo, a los que Talens rinde explícito homenaje en algunas de las partes más sobresalientes de su novela. Enmendándole la plana, más que de «parábola» podríamos hablar de parodia, pues es la burla de la literatura desde la propia palabra escrita el hilo que vertebra La parábola... Del complejo ejercicio de intertextualidad realizado por nuestro novelista, quizás sea La Biblia el texto al que de manera más nítida se le da la vuelta. Talens se convierte en una especie de estandarte de aquello que el teórico ruso Bajtín llamo le monde à l'envers. Todos los altos valores, personajes, conceptos... de los libros sagrados son travestidos en una especie de orgía verbal carnavalesca para dar paso a la exaltación de la escatología, al placer de la carne, a lo obsceno, a lo grotesco y risible. Les recomiendo se detengan en la relectura del diluvio universal, pues no es precisamente agua lo que cae del cielo.

De acuerdo a la parodia operada sobre La Biblia, la novela cuenta, en clave burlesca, la historia de una saga, vinculada desde su inicio al pueblo alpujarreño de Artefa. Es precisamente en este punto en el que La parábola... entra en contacto con un texto fundamental de la historia literaria más reciente: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Son muchos los rasgos que comparten la inmortal novela del colombiano y la que aquí nos ocupa. No faltan detalles de lo que la crítica bautizó como «realismo mágico». Ahora bien, si en el primer caso respondían al intento de reflejar los particularismos de una civilización y, si me apuran, de crearla desde la palabra, en el segundo son resultado de la libertad que otorga la burla. No cabe aquí un concepto de verosimilitud, pues todo es válido con la única condición de que suponga una nueva interpretación –por muy descabellada que sea– de un legado tradicional –sea popular o culto– que nos viene dado. En definitiva, todo es posible si ha de servir para el disfrute. Nada debe extrañar a un lector ávido de aceptar las múltiples combinaciones forjadas por esa otra historia nacida de la risa. No debe, pues, extrañarnos que, por ejemplo, la Torre de Babel se haya convertido, por obra y gracia del espejo deformante de la parodia, en un pozo destinado a albergar excrementos.

Novela, por tanto, de muy recomendable lectura, aliñada con una notable capacidad de fabulación. Sin embargo, todo ello no impide señalar algunas trabas. En primer lugar, lo enrevesado, en ocasiones, de la lectura. El intento de crear un amplio mapa de relaciones entre los miles de personajes que aparecen a lo largo del relato dificulta, en mi opinión, una lectura fluida, aun cuando Talens regale al lector un enorme árbol genealógico, situado al inicio de la novela, con el objeto de acompañarlo a través del laberinto familiar de los de Artefa. En segundo lugar, el espíritu festivo que llena las páginas de La parábola... se convierte, a la postre, en un arma de doble filo. La sucesión de cuadros carnavalescos llega a agotar, al final de la obra, a un lector al que se le ha acostumbrado demasiado bien desde la primera página. La propia magnitud del proyecto emprendido hace que el autor haya querido abarcar un espectro demasiado grande de situaciones cuando, quizás, hubiera sido más pertinente extenderse en unas cuantas de ellas.

01/03/2000

 
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