ARTÍCULO

«El apátrida»

Metáfora, Madrid, 150 págs.
Trad. de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
 

La propia Mirjana Miocinovic, en las esclarecedoras «Notas» finales a esta deslumbrante colección póstuma de relatos del autor, afirma que su más adecuado título debería ser «El apátrida», perteneciente a su vez al texto con el que se abre el volumen. Sólo el proceso mismo de descubrimiento y redacción de los manuscritos dejados por Kis la indujo originalmente a elegir el actual título, que ya adquirió existencia propia a partir de la primera edición de 1994... y así quedó. Casi la totalidad de los relatos que se recogen en ese libro estaban destinados o se encontraban vinculados por Kis a La enciclopedia de los muertos y fueron escritos entre 1980 y 1986. Aparecieron en 1995 en el volumen de las obras completas titulado El almacén, que recogía todos los textos póstumos del autor disponibles en aquel momento.

En todo caso, y seguramente por eso fuera pertinente el título mencionado, la totalidad de las piezas que aquí se reúnen están marcadas (e inspiradas) por el desarraigo, el exilio y la soledad más o menos voluntariamente escogidas. Se trata de un catálogo de existencias, unas ficticias y otras reales, pertenecientes a ese mundo geográficamente vago pero espiritualmente preciso que remite de manera particular a cierta intelectualidad surgida en los territorios de Europa central y del sureste a lo largo del siglo XX , que ha producido obras tan innovadoras como inquietantes. Ivo Andric haciendo balance de deudas ante la muerte, los últimos días del infortunado Odon von Horvath con participación de Endre Ady, el camino al suicidio de un amigo, Piotr Rawicz, el propio Kis de regreso en Belgrado (hipotéticamente también suicida), un mediocre poeta con quien el carnicero yugoslavo Rankovic y su policía escenifican un juego cruel y siniestro, el sueño funesto y postrero de un antiguo deportista encarcelado que corre su último maratón y se encuentra como juez de carrera nada menos que al mismísimo Stalin... Personajes laberínticos y descreídos de todo concepto de pertenencia que no sea la humanidad, en un territorio que se convulsiona de forma periódica merced a la práctica de enarbolar las identidades nacionales como instrumento de exclusión y de muerte, paradójicamente algunos de ellos han contribuido a conformar una peculiar forma, hoy en apariencia descartada, de ser yugoslavos, centroeuropeos, europeos del Este, huéspedes y muertos en Occidente (fronterizos, en suma); a producir una lente especial que permite considerar la ciudadanía (la existencia individual en sociedad) de un modo diferente, desvinculada de las fronteras políticas y nacionales, de los Estados y a veces incluso de las lenguas (con matices)... El propio Kis es por sus orígenes una mezcla (judío, húngaro, montenegrino); experimentó el horror de las matanzas de judíos y serbios a manos de los nazis (su padre murió en Auschwitz), y también el espanto de los campos de corte estalinista; recibió amalgamadas influencias religiosas y vivió después de la guerra en territorios remotos de la existente Yugoslavia; aunque se trasladó pronto a Belgrado donde inició su actividad literaria... en la lengua serbia. Hoy, es considerado sin duda alguna un escritor serbio por esa causa, pero tanto en Croacia como en Eslovenia o Bosnia, la literatura (y no pocos escritores) se siente deudora de su obra y su actitud, junto con quienes compartieron o comparten su mirada... Claro que también él abandonó la antigua Yugoslavia, para instalarse en París como un exiliado más, en cierto modo como un apátrida consciente.

Sus narraciones, como esta obra póstuma se encarga de ratificar, son un insistente y torturado intento de desvelar los trágicos enigmas del siglo XX , muy en particular mediante la recuperación de la memoria de sus víctimas, de los desaparecidos, de los muertos. A ello consagró una obsesiva y exquisita depuración del estilo, que distingue sus relatos y les adjudica una concisión, elegancia y eficacia conmovedoras: para Kis cada frase y cada palabra de su obra nacen de un concepto tan exigente de la responsabilidad literaria y humana que contienen (o destilan vocación de alcanzar), una por una y en sus vínculos internos, la totalidad. La depuración es, en el caso de Laúd y cicatrices, extrema, tal vez debido a que los textos que lo componen no estaban del todo acabados, a que algunos sean puros comienzos, perfectamente maduros sin embargo, que la intervención de su primera mujer (Mirjana Miocinovic, encargada de recogerlos, recomponerlos, redactarlos y darlos a la edición) parece haber actuado con minuciosidad y buen criterio, ofreciendo con ello un hermoso y eficaz ejemplo de tratamiento de la obra póstuma; un tratamiento que, por otra parte, la traducción del tándem Garrido-Pistelek ha respetado con escrúpulo y brillantez dignos de mención en un empeño de tal dificultad, para conseguir transmitirnos con respetuosa fidelidad pero sin asperezas un bello texto castellano.

Otra característica sobresaliente de estos relatos es la consciente y madura decisión de Kis de reducir al mínimo la ficción para ocuparse ante todo de la realidad, introduciendo personajes reales en circunstancias imaginarias o viceversa, y articulando tales ingredientes en proporciones variables hasta llegar a la utilización estricta del «relato no ficticio» como es el caso de «Laúd y cicatrices», en torno a un regreso del propio autor a Belgrado pasados los años, en el curso del cual reflexiona (el personaje, es decir, el propio autor) sobre ciertos episodios de su juventud que acaban estableciendo alguna relación con el presente. Idéntico procedimiento es utilizado en «Jurij Golec» (o en «A y B»), aunque en todos los casos, con independencia de la escala de «realidad» o de «ficción» a la que se atengan, todos los textos incluidos en el presente libro se caracterizan por el hecho de que su «materia literaria» es estrictamente narrativa, novelística, no biográfica en cuanto al género.

No tenemos ya espacio en este artículo más que para añadir una apreciación y una protesta: la primera acerca de que Danilo Kis es sin lugar a dudas uno de los grandes escritores europeos de la segunda mitad del siglo XX pese a que, sin causa reconocible que lo justifique, se le preste escasa atención en España. Y la segunda para reivindicar que continúe la reedición de sus libros publicados con anterioridad en español (recientemente han vuelto a aparecer, en El Aleph, El reloj de arena y La enciclopedia delos muertos, pero continúa en el limbo editorial la deslumbrante Una tumba para Boris Davidovich), así como que continúe la traducción y edición de su amplia e imprescindible obra.

01/03/2003

 
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