ARTÍCULO

Cuentos de agua y sal

Destino, Barcelona
256 pp. 19 €
 

Horacio aconsejaba a los escritores que metiesen sus obras en un cajón y que, pasados diez años, las volvieran a sacar para ver si conservaban algo de frescura. Si el resultado era positivo entonces sí, podían publicarse. Antón Castro ha doblado el período que recomendaba el poeta latino y durante veinte años ha tejido y pulido, compuesto y traducido –del gallego– buena parte de los cuentos reunidos en Golpes de mar (como recuerda en la «Pequeña historia de un libro» que cierra el volumen). Se nota. Entre otras cosas, porque sus relatos se acompañan de la naturalidad propia de las obras muy reposadas y en cierta medida libres de la urgencia mercantil.
Este no es el único rasgo que convierte al libro en una rareza. Golpes de mar también es raro por su solidez y por su coherencia, y porque la casualidad o la fortuna han querido que se publicara en el mismo año, 2006, que otras dos colecciones de relatos igual de imprescindibles: Parientes pobres del Diablo y Los peces de la amargura, de Cristina Fernández Cubas y Fernando Aramburu, respectivamente.
Dicho esto, los dieciséis cuentos reunidos en el libro comparten un aire de familia que se resume en dos conceptos: morriña y saudade, y, aunque no son los únicos, sí cabe decir que dan aliento a la mayor parte de estas historias neorrománticas y sentimentales. Además de la añoranza y de la tristeza, todos los cuentos participan de un ambiente celta y marino, y giran en torno al modo en que se construye la experiencia colectiva y ritual del amor y de la muerte en un espacio geográfico que no por mitificado es menos concreto. Ese espacio es la costa gallega de Caión, poblada por algunos personajes recurrentes –como Buxán, el viejo farero– y dominada por la presencia del mar que, como una divinidad monoteísta, reparte vida, amor y muerte entre los habitantes de la comarca.
Si atendemos a los géneros literarios, algunos cuentos recuperan el tratamiento romántico del desamor convertido en patología, como es el caso de «Antía y el fantasma del mar» o de «Destino de Lamia», el relato que abre la colección. En este último, además, se deriva del realismo a lo fantástico cuando la protagonista se transforma finalmente en una lamia o sirena. La misma progresión hacia lo maravilloso, con metamorfosis incluida, sucede en «Memoria de Elba». Aquí, una mujer embarazada está convencida de que se ha quedado encinta de su marido ausente en el transcurso de un sueño erótico. Cuando éste regresa del mar y se niega a verla, se produce el de­senlace mítico.
En el extremo de lo fantástico se encuentran algunos cuentos legendarios, como «Ornia», que es una reelaboración del cuento tradicional del pastor que salva la ciudad y el rey que se niega a darle en matrimonio a la princesa; o «Tirna­goes­cha», que también narra el problema matrimonial de un rey con su hija, esta vez en clave sapiencial. Más fantástico que legendario resulta «Airas Padín», donde Castro retoma el cuento de la joven casada con el viejo rico, combinando hábilmente el ambiente lóbrego de la Jane Eyre de Charlotte Bronte con el final gótico que le dio Poe a la casa Usher.
Hay cuentos casi simbolistas, teñidos de Valle-Inclán y de Rosalía, como «Alba de Deus», la historia de dos hermanos que aman a la misma mujer y se ven obligados a resolver este conflicto con la desaparición de uno de ellos; o «El jardín de la lluvia», donde una joven moribunda tiene un último brote de salud al volver a casa su hermano y unirse a él en una relación incestuosa largamente reprimida. Para terminar, en el extremo realista de este espectro, están los relatos más cautivadores, quizás porque en ellos aparecen codificadas sin mediaciones de ningún tipo nuestras vidas y eso facilita una relación más directa. Sencillamente, son más accesibles.
Entre ellos están «El paseo de la viuda» y «Dos tardes con Beatriz de Sousa», una historia de amor adolescente en la que Castro luce su capacidad de introspección psicológica; ahí encajan «Una lección de fotografía», en el que el relato de una vida viene a sustituir a una clase magistral del arte de hacer fotos; y también «Cartas de domingo al más allá», la historia que cierra el libro y que describe las ansias de comunicación de una viuda y sus hijos con un hombre al que se llevó un golpe de mar mientras mariscaba percebes.
La fluctuación entre ese costumbrismo y lo fantástico marcado con la señal de lo legendario apunta a lo que parece estar negociándose en los cuentos de Castro: la voluntad de preservar la magia propia del cuento maravilloso y de integrarla en relatos más próximos a nuestro imaginario. No es una labor fácil, y si Golpes de mar lo consigue en algunos relatos es gracias a la construcción de un espacio anfibio, real y mítico, en el que suceden con naturalidad las cosas que les suceden a los hombres: las palabras, los amores y las muertes. 

01/06/2007

 
ENVÍA UN COMENTARIO
Nombre *
Correo electrónico *
Su comentario *
 
 
 
 

Normas de uso
Los comentarios en esta página pueden estar moderados. En este caso no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. Evita las descalificaciones personales, los insultos y los comentarios que no tengan que ver con el tema que se trata. Los comentarios que incumplan estas normas básicas serán eliminados.

 
Deseo mostrar mi email públicamente
 
He leído y acepto la cláusula de privacidad.
 
 
 
Por favor, para evitar el spam necesitamos que resuelvas la siguiente operación matemática:
3 - 2  =  
ENVIAR
 
 
OTROS ENSAYOS DE FERNANDO CASTANEDO
RESEÑAS

 

BÚSQUEDA AVANZADA

Te animamos a bucear en el archivo de Revista de Libros. Puedes realizar tus búsquedas utilizando los siguientes criterios.

Todas las palabras
Cualquiera
Coincidencia
ENVIAR


Apúntate al boletín de Revista de Libros
ENSAYOS ANTERIORES
RDL en papel 187
RESEÑAS
 
  Apúntate a RdL
BLOGS
 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL