ARTÍCULO

Misoginia medieval

Edición de Robert Archer e Isabel de Riquer Quarderns Crema, Barcelona, 1998
316 págs. 3.500 ptas.
 

Estamos ante un libro hecho con todo rigor intelectual y de bella factura editorial; consta de una amplia introducción (prácticamente un librito por sí misma), más la antología de textos provenzales y catalanes editados filológicamente y asimismo traducidos, y más un par de páginas de prólogo que saben situar bien al lector.

Efectivamente se trata de poemas escritos desde fines del siglo XII a fines del siglo XV y que se adscriben al género de la mala cansó provenzal o del maldit catalán: manifiestan «con un grado variable de amargura y rencor –nos advierten los editores–, el sentimiento de desengaño absoluto hacia aquella que ha sido anteriormente amada y ensalzada»; estamos, por tanto, ante composiciones mordaces de desamor, e incluso podemos hallar en ellas el motivo literario de la domna que se entrega a todos los hombres y el empleo de un lenguaje grosero.

El trovador, en tanto vasallo de la domna, puede encontrarse tras un largo servicio sin recompensa: entonces los textos se expresan con el símil de la situación feudal, y el comportamiento de la mala domna se equipara al del mal seignor; los profesores Archer y Riquer destacan por ejemplo en tal sentido el presente caso que califican «espléndido» del monje de Montaudon, que nosotros citamos en la traducción que proponen: «Así como aquel está en un señorío malo y no encuentra piedad ni indulgencia en su señor, pues le roba y le quita todo y quisiera cambiar de casa con un señor de nobles costumbres: del mismo modo quiero mudarme de la protección de aquella que en su señorío me ha matado».

En el cancionero de Peire Vidal –subrayan los antólogos– se encuentra asimismo más de un ejemplo «de esta ligazón entre el universo feudal con el amoroso», a saber: «Convertiré la tristeza en consuelo y me dirigiré hacia otra, pues es sensato y de muy gran valor quien de señor duro y traidor se aleja sin ruido». Del mismo modo pertenece a Peire Vidal este otro pasaje: «Soy vuestro vasallo, no me pertenezco en absoluto, pero de buen grado se abandona el feudo de un mal señor».

Aparecen pues las imágenes feudales en las composiciones trovadorescas, pero el registro expresivo es más complejo, según establecen Robert Archer e Isabel de Riquer: «Los trovadores mezclaron concepciones éticas y religiosas con aspectos de la vida cotidiana para quejarse del comportamiento de las mujeres. Junto al lenguaje y la simbología feudal, elevados y distinguidos, un desenfadado léxico coloquial, proverbios, frases hechas y comparaciones con el registro más bajo de la lengua sirven para criticarlas»: las mujeres serán tachadas así de mentirosas, de promiscuas... También, por ejemplo, Bernat de Ventadorn acusa a su dama de quebrantar la reciprocidad en la relación feudal, por lo que el trovador se aleja de ella y renuncia a su servicio y al canto.

En cuanto al maldit catalán, Robert Archer y Riquer definen el género: «El maldit contra una mujer tiene la misma particularidad que un poema de amor: ella es el único blanco del vituperio, al igual que es el único objeto del amor del poeta tal como aparece en las malas cansós provenzales».

Situación típica de los maldits es la que encontramos en Pere de Queralt: el poeta ha sido víctima de la relación de la dama con otro hombre, y él le declara su desengaño o asimismo su repulsión u odio, y da por terminada la relación: «Sin más tardar quiero alejarme de vos, Doña Falso Amor, pues veo la falsedad de vuestro corazón falso, lleno de engaño, que todo el mundo quiere tener engañado, por lo que yo maldigo el día, el momento y la hora en que os entregué mi corazón; sois rica de engaño, pobre de lealtad y en todo más amarga que el acónito».

Los antólogos subrayan cómo efectivamente los poemas del género están referidos al tema principal del comportamiento traicionero e inmoral de la dama objeto del «maldir», así como –a veces– a la temática de defectos en el carácter o en el cuerpo. Al nuevo amante puede achacársele que es un mercader: «Es la clase de los mercaderes la que predomina en la vida de grandes ciudades como Barcelona y Valencia, mientras que la clase de los caballeros a la que pertenece la mayoría de los autores de maldits, deja de ejercer la influencia que cree que le corresponde en la vida cívica»; el maldit data de fines del siglo XIV a fines del XV, y parece testimoniar así la quiebra del orden canónico medieval de los tres estamentos, como antes lo había testimoniado también por ejemplo la obra literaria del príncipe castellano don Juan Manuel.

A la dama se le reprocha también en los maldits la costumbre de frecuentar los huertos para aparejarse públicamente con villanos, pero hasta cierto punto ocurre que «la promiscuidad de la mujer vilipendiada es un convencionalismo del género».

En fin, hacia el final de su introducción, Robert Archer e Isabel de Riquer recuerdan y concretan que la misoginia en tanto tema literario surge con la sátira VI de Juvenal, y que tal modelo para el escarnio de las mujeres se iba a seguir «en varias literaturas europeas sobre todo entre los siglos XIII y XV ». Por su lado, la tradición cristiana mantuvo la actitud misógina en las declaraciones de San Pablo, y sucesivamente en los escritos patrísticos y escolásticos.

En el contexto de esta tradición de misoginia literaria, el maldit se distingue porque pretende basarse en «la observación empírica y particular»: toma por blanco a una mujer particular y la denuncia desde la primera persona del singular; temáticamente sin embargo el maldit concuerda con los lugares comunes del pensamiento medieval sobre la mujer, y el poeta coincide con Santo Tomás cuando por ejemplo «destaca la fealdad moral de la dama sin negar su belleza corporal».

La presente antología está hecha con muy buen cuidado filológico, y en este sentido resulta ejemplar; acaso lo que más ha avanzado en estos últimos lustros en nuestra filología ha sido la edición de textos, y el presente volumen no desdice de tales y felices avances, por lo que su publicación debe saludarse con el respeto que merecen las cosas bien hechas intelectualmente.

01/02/1999

 
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