ARTÍCULO

La enfermedad en el tiempo

Taurus, Madrid
Trad. de Irene Cifuentes de Castro y Teresa Carretero López-Tello
320 págs. 16,50 €
 

Roy Porter, fallecido en 2002, pocos meses después de su jubilación, fue profesor de Historia social de la Medicina en el Wellcome Trust Center para la Historia de la Medicina del University College de Londres. Este libro tiene su origen en los cursos impartidos por el autor durante veinte años de docencia. El subtítulo, «Las personas, la enfermedad y la atención sanitaria», marca el objetivo que se persigue: la interacción histórica del hombre y la enfermedad en el seno de la sociedad, la cual, en función de sus valores y creencias, ha organizado la atención sanitaria. Centrado en el mundo occidental, el autor estructura su obra en ocho capítulos: la enfermedad, los médicos, el cuerpo, el laboratorio, las terapias, la cirugía, el hospital y la medicina en la sociedad moderna. Se evita así una ordenación cronológica al uso y se ahonda en la manera en que, según el autor, las creencias acerca del cuerpo, en la enfermedad y en la salud, son decisivas en los sistemas de valores sociales, en lo que se ha llamado la «prudencia del cuerpo».

En el primer capítulo, la enfermedad es tratada como un producto social. Se sintetiza con precisión el origen y desarrollo de las principales enfermedades que han afectado al hombre, lo que permite entender la transmisión de entidades morbosas procedentes de animales domesticados (tuberculosis, viruela, gripe, sarampión), del entorno que sirve de asentamiento (paludismo, cólera, tifus) y el papel desempeñado por la expansión de la civilización: una enfermedad habitual en una zona se convertía en una plaga mortal en otra por el comercio, los viajes o la guerra, como fue el caso de la viruela o la gripe en la conquista del continente americano.

Para tratar sus enfermedades, el hombre ha recurrido a diferentes prácticas de la medicina. Porter describe cómo el empirismo y las creencias mágico-religiosas dieron paso a la razón como base de la terapéutica laica iniciada por los médicos griegos, cuyo máximo representante, Galeno, sintetizó todo el saber de su tiempo y ofreció un sistema médico que perduró hasta el siglo XIX . El autor expone con claridad el dilema que afrontaban los médicos hasta ese momento: podían comprender las enfermedades de las que morían las personas, pero no evitar que murieran, debido al escaso bagaje terapéutico con el que contaban. Este panorama cambió en las décadas posteriores y se pudo controlar las enfermedades infecciosas, la primera causa de enfermedad y muerte hasta entonces. La mayor longevidad y los cambios en el estilo de vida dieron lugar a un predominio de enfermedades como el cáncer y las alteraciones vasculares. La función de los médicos y lo que la gente esperaba de ellos cambió; apareció el síndrome de «estar mejor, sentirse peor» y la población, que durante mucho tiempo había respetado a los médicos, se desilusionó, perdió la relación estrecha y confiada con su terapeuta y buscó formas de medicina «alternativas» que han dado lugar al pluralismo asistencial actual.

En los dos capítulos siguientes se aborda el largo proceso que llevó a un conocimiento científico del cuerpo humano y su funcionamiento en estado de salud. El estudio de sus alteraciones, la lesión y la disfunción, analizadas en el laboratorio con el auxilio de la física y la química, llevó a un nuevo concepto de enfermedad superando el viejo galenismo. El laboratorio fue también el escenario de la microbiología, ciencia que logró demostrar la teoría de los gérmenes como causa de las enfermedades infecciosas, así como de la endocrinología, la genética y la farmacología, materia a la que se dedica el siguiente capítulo, breve pero exhaustivo, en el que se resume el camino seguido desde los remedios naturales a los fármacos de síntesis, los cuales revolucionaron el tratamiento de la enfermedad. El autor señala cómo en las últimas décadas no se han encontrado remedios comparables a los fármacos milagrosos de generaciones previas y muestra su preocupación ante el abuso y dependencia de las drogas, no sólo de los narcóticos ilegales, convertidos en problemas de gran envergadura, tanto para la medicina como para la sociedad.

La cirugía ocupa el siguiente capítulo. Permite asistir al largo proceso histórico seguido por esta técnica, que hasta el siglo XIX no pudo superar las tres grandes barreras que impedían una cirugía mayor: el dolor, la infección y la hemorragia. En paralelo, esta actividad pasó de ser un oficio a una profesión científica, mientras el cirujano sustituyó la extirpación por la reparación y ésta, por la sustitución, aunque el autor no deja de señalar los dilemas éticos y legales que suscitan los trasplantes y las técnicas de reproducción.

El hospital, la institución asistencial por excelencia, merece un capítulo en el que la capacidad de síntesis del autor queda de manifiesto al ofrecer en pocas páginas la evolución de aquél desde un centro benéfico, para pobres, que proporcionaba refugio y cuidados médicos muy básicos, con una elevada mortalidad, a una institución bien valorada por la profesión médica y la opinión pública. La masiva burocratización que hoy en día padecen los hospitales lleva al autor a preguntarse si no se han convertido en «lugares sin alma, anónimos, con recursos mal utilizados [...] donde se practica la medicina que la medicina exige, no la que necesitan los pacientes».

Un último capítulo ofrece una perspectiva de la medicina en la sociedad moderna. Porter opina que la medicina, aunque posee una capacidad excepcional de mantener a las personas vivas, sanas y sin dolores, contribuye de forma discutible a mejorar la salud de la humanidad. Las desigualdades de salud entre ricos y pobres, entre el Primer y el Tercer Mundo se han acentuado y cree, con muchos, que las inversiones en salud pública, en higiene medioambiental y en una mejor nutrición harían más por los países del Tercer Mundo que todos los sofisticados programas de medicina clínica.

En el mundo desarrollado, sus habitantes le piden a la medicina un mejor estilo de vida, ser aún más longevos y conseguir un cuerpo perfecto. Tal panorama lleva al autor a la siguiente conclusión, que pone fin a su obra: «La medicina, adulterada de ese modo, puede estar en la antesala de una de las transformaciones más extraordinarias de su larga y accidentada historia».

Una escogida iconografía y una bibliografía, limitada desafortunadamente al idioma inglés, completan esta obra dirigida a un público amplio, escrita en un lenguaje claro, alejado de tecnicismos y muy recomendable para todo aquel que busque un acercamiento breve pero exhaustivo a la historia de la medicina.

01/11/2004

 
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