ARTÍCULO

Breve don de la forma

Selección y prólogo de Alejandro Krawietz Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, Barcelona 398 pp. 21,15. Fundación Jorge Guillén Valladolid 320 pp. 49,95, Pre-Textos, Valencia 354 pp. 21,63
 

La coincidencia en pocos meses de estos tres volúmenes de concepto tan distinto de y sobre Ángel Crespo (1926-1995) adquiere visos de concelebración. Diríase que le reconocen conjuntamente el rango de poeta indiscutible, digno de lectura, estudio y exégesis. No es un descubrimiento sino una constatación, aunque no hace tanto, apenas un par de décadas, distara mucho de resultar una evidencia. La obra de Ángel Crespo es tan extensa y variada que causa asombro.Y no sólo por sus dimensiones. Los apartados bibliográficos de estos libros, en particular el muy completo de Ardanuy, dan cumplido testimonio de ellas: poeta, traductor, crítico de arte, ensayista, director de revistas de larga vida, realizó tareas en esos y otros ámbitos de la actividad intelectual, pero las realizó además con perseverancia fértil. Sus traducciones, pongamos por caso, se cuentan por decenas de libros y las de Pessoa, Dante y Petrarca han ganado fama de atinadas y expresivas. Con todo, él se consideró siempre poeta en esencia. En «Mis caminos convergentes», un texto autobiográfico de 1989 recogido en Ángel Crespo. Con el tiempo, contra el tiempo, reflexionó respecto de esa fecunda laboriosidad en estos términos: «No sólo la traducción, sino también el resto de mis intereses culturales, han tendido espontáneamente [...] a agruparse en torno a la poesía. Para tratar de profundizar, aunque sea sólo un poco, en el fenómeno poético, se precisa algo que no depende de uno, intuición y sentido artístico, pero también algo que sí se nos puede exigir, estudio y reflexión» (pp. 48-49).Y concluyó sus comentarios sobre dichas diversas tareas considerándolas «varios caminos que convergen en un centro, que es el fenómeno poético como medio de conocimiento, no lógico ni erudito –y sin excluir a ninguno de ambos–, sino de conocimiento desde la asimilación de la realidad para consustanciarse con ella» (p. 49). La realidad entera es título que condensa bien la posición poética de Ángel Crespo, empeñado en la búsqueda de esa «realidad otra» que tanto interesó a las vanguardias, indagando en los meandros del inconsciente o releyendo la tradición hermética. La antología que ha preparado Alejandro Krawietz bajo dicho título procede de modo distinto al más usual, pues recoge cinco libros enteros –Libro de odas, Amadís y el explorador, Ocupación del fuego, La llama entre paréntesis e Iniciación a la sombra– y secciones de otros siete, con el añadido de un poema suelto, «El invisible» –Yo sé que alguien me habla [...] / Pero yo no le entiendo, / yo no sé qué me quiere decir [...] / Pero se va / si nota mi impaciencia» (pp. 31-32)–, y de algunos aforismos en apéndice. Se trata, dice, de mostrar también la articulación de la obra y no sólo del poema. Libros y textos proceden de la edición póstuma en tres volúmenes de la Poesía de Crespo (Valladolid, 1996), en buena parte preparada por el propio autor, que reordenó su obra para la ocasión. Esta antología efectúa una lectura particular de aquella edición. Su sesgo queda indicado claramente, por ejemplo, por el hecho de que la poesía anterior a 1971, una docena larga de títulos, esté representada por sólo veintidós poemas. Krawietz explica su selección, entre otros criterios, por el deseo de atender al «horizonte de expectativas de un lector contemporáneo» (p. 29).Afirma que la poesía de Ángel Crespo respondió siempre al mismo proyecto poético, pero al amputar de modo tan tajante casi todo un período parece implicar otro juicio. La realidad entera hace gala de su carácter de selección: el lector encuentra en ella libros de Ángel Crespo, íntegros o no, pero los ordena una lectura que conforma a la postre una imagen particular del poeta, y en dicha imagen parecen demasiado visibles los golpes de cincel, el vaciado. Ángel Crespo. Con el tiempo, contra eltiempo, un catálogo bien nutrido de la exposición dedicada al poeta por el Círculo de Bellas Artes, propone una perspectiva muy distinta.Al fundarse en materiales aptos para una exposición pública, privilegia las otras actividades más visibles del poeta –las del traductor, editor, director de revistas– sobre la poesía. Pero abre el conjunto de documentos e imágenes el ya citado «Mis caminos convergentes», texto esencial, aporta muestras de su escritura creativa y de su correspondencia, una cronología y una bibliografía escogida, y lo acompañan miradas críticas de, entre otros, Claudio Guillén, Andrés SánchezRobayna, Juan Manuel Bonet y César Antonio Molina, miradas también atentas a las diversas actividades intelectuales de Crespo. El volumen constituye un cuidado compañero para las obras del poeta, más allá de la curiosidad o de la anécdota. El estudio de Jordi Ardanuy, en fin, que ha obtenido el cuarto Premio Gerardo Diego de Investigación Literaria, exhibe las macizas hechuras académicas de una tesis doctoral, pero no desaprovecha ninguna de sus bien repletas páginas. Constituye un esfuerzo notable por analizar el conjunto de la obra poética de Crespo, en la que ve una constante indagación de los límites de nuestra realidad, en las fronteras de lo indecible, mediante la palabra y el símbolo. El conocimiento poético cuestiona los fundamentos mismos de nuestra realidad y con ello se esfuerza por ampliarlos. Según Ardanuy, la pertinaz pugna del poeta por sobreponerse al sinsentido, al fracaso reiterado de la expresión, a sus insuficiencias, da la medida de su entrega –verdadera ascesis– a una búsqueda que no promete sino su propia reiteración indefinida. La tarea esforzada y contradictoria del poeta en la obra de Ángel Crespo se resume, pues, en el estatuto inestable de su palabra, al que a menudo se han referido sus reflexiones. «Breve don de la forma, repetido / y nunca idéntico; / belleza por sí misma desmentida / y siempre bella; / [...] don breve perseguido, y no alcanzado / por forma alguna / –sin el que no hay forma posible», dice un poema de El ave en su aire (La realidad entera, p. 221). Perseguir y no alcanzar ese don, y perseguirlo, labrar tal belleza sabiendo que debería de nuevo laborar por ella; en tales términos entendió su dilatada obra Ángel Crespo. Estos tres títulos, cada uno a su modo, recuerdan la múltiple tenacidad de su esfuerzo y dan a ver algunos de sus logros.

01/10/2005

 
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