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ARTÍCULO

Bohemias

Fundación Archivo Rafael Cansinos Assens, Madrid
189 págs. 28
 

Hoy muchos lectores más que medianamente curiosos no lo identifican sino como objeto insólito de la admiración de Borges, que lo conoció allá por 1919, cuando alentaba desde la sombra los alicortos revuelos del ultraísmo, y lo veneró desde entonces. Cansinos Assens fue un polígrafo infatigable, un hombre de letras de los que no abundan, de los que, cuando se cansan de escribir, escriben acerca de esa fatiga. Escribió sin tregua durante más de medio siglo en todos los géneros imaginables; dejó novelas, relatos, poesía y ensayos publicados en rachas muy desiguales; tradujo de idiomas inverosímiles, que acaso conocía lo suficiente; ofició de antólogo, director de revistas, informador de novedades, animador de agitaciones juveniles de escaso fuste y promotor de tertulias de más fortuna. Con todo y eso, Cansinos también tuvo ocasión de vivir y, en tiempos menos propicios que aquellos anteriores a la Guerra Civil en que visitaba a menudo la imprenta, cuando ya no pensaba publicar, escribió para sí, recordando lo que había vivido, escrito y leído. Los tres tomos póstumos de La novela de un literato, recibidos con bastante aprecio crítico, dan una idea de cómo, cuando no pudo escribir para publicar, escribió para escribir, y cuando no pudo hacer vida de literato, contó –entre tantas otras cosas que constarán en sus papeles– lo que vivió cuando ésa era su única vida. Bohemia procede del mismo fondo de textos inéditos que el escritor sevillano dejó en diversos estados de elaboración, y lo ha recuperado y preparado para edición Rafael Manuel Cansinos, que cuida de su archivo. Incluso habla de días a los que ya se refirió La novela de un literato, pero los cuenta de modo diferente. Aunque esta vez el término no figura en el título, la factura de su narración la haría pasar por novela, si no fuera porque su contenido es igual de obviamente autobiográfico. Describe las penas hogareñas y cuenta las andanzas callejeras de un Rafael Florido que apenas se finge una tenue máscara del autor. Disimulado tras ese personaje y a pesar de que usa la tercera persona, como si fuera la suya una voz externa y ajena a la peripecia que desarrolla, Cansinos recuerda con pormenor las vecindades de sus dieciocho años, cuando, en su afán de llegar un día a serlo él mismo, comenzó a codearse con gentes de letras. Pasean por sus páginas personajes conocidos de la vida política y literaria de los inicios del siglo XX a los que identifica por su propio nombre. De ahí que no estorbe a su texto un índice onomástico, que traza el mapa de sus relaciones de entonces y sus recuerdos de medio siglo más tarde. El título, al parecer uno de los dos que anotó Cansinos (el otro es aún más impreciso: Literatos), no describe con demasiada exactitud el contenido de este relato, puesto que la vida bohemia no es en absoluto su ingrediente principal. Bastante más aliento tienen los episodios dedicados a la vida familiar de ese «joven literato», o a sus contactos con los viejos republicanos de la redacción de El Motín, encabezados por José Nakens. Las ilusiones de sus hermanas casaderas, las rencillas cotidianas entre ellas, los sobresaltos y desconciertos de sus noviazgos, nunca rematados, y las broncas de su padrino, impacientado con la vida improductiva del muchacho, conforman la trama cotidiana de inconveniencias hogareñas de las que se olvida con sus callejeos el joven Rafael. Y éstos le llevan de la tertulia del café a la redacción de El Motín, su primer grupo de pertenencia porque es la primera publicación que le imprime un texto, y a las noches de parranda con Pepe Molano, Villaespesa y otros trasnochadores más dados a revolver faldas que cuartillas en blanco. La redacción de El Motín, con su cuadrilla de «viejos, fracasados y enfermos, catarrosos y dispépticos, que, cuando estaban solos, se comunicaban sus dolamas crónicas» (pág. 69), proporciona a Cansinos algunas de las escenas más vivas de las que conoce el joven literato, aunque es la compañía de Sawa, los Machado y demás, y no la de Nakens y sus lastimosos secuaces, la que hoy llama la atención del lector común. Aquéllos quedaron definitivamente orillados del recuerdo por los años en que haber sido republicano o judío o masón valía una condena al olvido, mientras que la bohemia y sus excesos dieron para versiones tolerables hasta para los períodos de cerrilidad más siniestra, aunque fueran de vodevil o puro sainete. Cansinos los recordó en los años oscuros de la posguerra, cuando redactó Bohemia y una porción de otros inéditos que esperan su día, pero escribió obedeciendo sólo a los criterios de una memoria teñida de nostalgias y compasiones, que sentía más próximos los rifirrafes caseros entre hermanas, los debates estériles y las fierezas de infiernillo de los republicanos o las inseguridades y angustias del adolescente alborotado que las borracheras y desmanes de prostíbulo de los profesionales del exceso. Cansinos narra cómo aquel joven literato que fue se inició «en la historia anecdótica contemporánea, literaria y política» (pág. 85), y recuerda personajes, actitudes y diálogos. Los va desgranando con prosa escueta, de frases medidas, en las que asoman coloquialismos hoy desusados. Era escritor incansable, pero su prosa se mueve al ritmo sosegado de la anécdota bien pautada. Encadena escenas sin cuidarse de encajarlas en una estructura narrativa articulada, porque no forman una secuencia abocada a un final, sino un dibujo de impresiones y atmósferas. Retrata con celeridad y tino de buen conversador. Recrea en diálogos y discusiones los conceptos, preocupaciones y modos de aquellos días. Su novela, en definitiva, es menos tal que colección de apuntes y anecdotario bien trazado, en el que se trasluce el espíritu del mundillo madrileño de los escritores en ciernes de aquel tiempo. Revive la curiosidad de quien lanzaba su mirada adolescente sobre tan variopinto vecindario y despliega al mismo tiempo la mirada irónica, desencantada pero sin amargura, del autor maduro y ausente, que se complacía en recordarse recordándola. Bohemia no hará historia en la literatura española del siglo pasado, pero es lectura placentera y tan instructiva como una tertulia amable con quienes la hicieron.

01/01/2004

 
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