ARTÍCULO

Biografía ejemplar

Cambridge University Press, Cambridge, 1996
421 págs.
 

Pocos personajes hay en la historia de la humanidad que posean el interés y la grandeza de Isaac Newton (1642-1727), posiblemente el intelecto más poderoso del que tiene noticia la historia; «el último de los magos, el último de los babilonios y de los sumerios», según la tan atractiva como equívoca caracterización que de él hizo John Maynard Keynes, pero sin duda también, y sobre todo, el primero de los auténticamente modernos, aquel a quien debemos la esencia del método científico.

Newton realizó contribuciones capitales a la ciencia: en la física completó el edificio de la dinámica, al que se habían acercado –entre otros– investigadores de la talla de Galileo y Descartes, desarrolló una teoría de la fuerza gravitacional –en la que el movimiento de los cuerpos celestes respondía a la misma causa que la caída de los cuerpos en la Tierra–, que reinaría suprema hasta la llegada de la relatividad general einsteniana, más de dos siglos después, y ahondó en la naturaleza de la luz como nadie lo había hecho antes; y en la matemática le debemos, junto a múltiples aportaciones singulares, una de las dos versiones –la de las fluxiones– del cálculo infinitesimal, la herramienta analítica, lógica y conceptual más poderosa para la investigación de los fenómenos naturales.

Pero su inmensa obra intelectual no se detuvo en los campos que acabo de mencionar: trabajó también en alquimia y dedicó muchos años de esfuerzos a los estudios teológicos e históricos sobre la religión, hasta el punto que uno puede plantearse si la pregunta que nos debemos hacer no es la de por qué uno de los más grandes científicos de la historia dedicó una parte muy importante de su tiempo a los estudios teológicos, sino, recíprocamente, por qué uno de los mayores teólogos del siglo XVII consintió en ocuparse también de problemas científicos. Fue, asimismo, presidente de la Royal Society, y desde la primavera de 1696 hasta su muerte dirigió los destinos de la Casa de la Moneda inglesa.

Los datos precedentes, simples apuntes o esbozos que apenas captan la magnitud del genio y empresas newtonianas, deben dar una idea de cuán difícil y exigente tarea es componer una biografía del autor de los Principia. Han sido muchos a lo largo de los años los que se han atrevido con semejante empeño. Comenzando por John Conduitt, el esposo de su sobrina Catherine y su sucesor en la Casa de la Moneda, la interminable lista incluye en sus filas, como a sus más distinguidos exponentes, a Fontenelle, David Brewster, Frank Manuel, Gale E. Christianson, A. Rupert Hall y el recientemente fallecido historiador estadounidense Richard Westfall.

Isaac Newton: una vida, la obra que comentamos es, dicho escuetamente, una joya de la literatura newtoniana. Aborda prácticamente todos los recovecos del multidimensional universo del catedrático lucasiano de Cambridge, y lo hace con una claridad y simplicidad que únicamente se encuentra entre aquellos que realmente comprenden y saben. De hecho, este libro es un resumen del magno –en todos los sentidos (incluyendo el de número de páginas: 908)– tratado que el propio Westfall publicó con Cambridge University Press en 1980: Never atRest. A Biography of Isaac Newton. Aquel libro era, por mucha que fuera su grandeza, difícil de digerir, salvo si acaso para los especialistas en su protagonista. Tal dificultad ha desaparecido completamente en la presente versión, en la que se han omitido las cuestiones más técnicas. De esta manera es posible introducir a los lectores en el plural pero intercomunicado, complejo aunque fundamental (y en este sentido simple), y siempre apasionante mundo newtoniano, como ninguna otra biografía de Newton lo hace (en mi opinión la que más se le acerca en tal dirección es la de Christianson, cuya versión al castellano –en la actualidad prácticamente inencontrable– publicó hace años la editorial Salvat).

Es francamente complicado seleccionar algunos de los apartados más destacados de esta obra (excelentemente traducida, por cierto). Por mucha que sea su variedad, la vida y obra de Newton responde, en esencia, a un único patrón y método, que proporciona una evidente unidad a toda su trayectoria e intereses. Tal vez sea precisamente la impresión de unidad que se extrae de su lectura, la facilidad con que Westfall nos conduce a través de la larga vida de Newton, cambiando de tema, sin apenas darnos cuenta, y manteniendo siempre nuestra atención, hasta el punto de que con frecuencia parece más que estamos leyendo una novela que la biografía de un científico, el rasgo más sobresaliente y el mérito más destacado de este fenomenal libro.

01/06/1997

 
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