ARTÍCULO

Añicos

Ediciones Lengua de Trapo, Madrid, 1998
265 págs. 2.250 ptas.
 

Hay múltiples maneras de construir una novela. Desde la más elemental, que consiste en narrar linealmente una serie de sucedidos hasta la yuxtaposición de elementos y situaciones, que, una vez empastados, terminarán provocando, con mayor fortuna, el clímax o anticlímax que se le supone a la materia narrativa. Entre estas dos posiciones extremas aparece una amplia gama de posibilidades que van de la construcción orgánica a la simple deconstrucción elemental. A esta última opción parece haberse apuntado Luis Pérez Ortiz, ilustrador profesional y escritor de vocación, quien ya nos había dado un anticipo de su talento narrativo con La escondida senda. Pérez Ortiz reincide en la novela con Apuntes de Malpaís, un sutil ejemplo deconstructivo que, de entrada, tiene poco que ver con lo que se viene escribiendo, aquí y ahora. Pues este escritor de León, de 1957, pero recriado en Madrid, parte del infinito, de la nada cósmica en una palabra, para llegar al cero, al silencio, al punto de partida al que sus personajes, invisibles (que no es lo mismo que decir de cartón-piedra) están apuntando en su continua noevolución. Para ello Luis Pérez Ortiz se vale de la técnica de crear atmósferas y situaciones a partir de fragmentos debidamente numerados; eso sí, de manera lineal, en los que aparecen una ristra de personajes absolutamente perplejos. Perplejidad, ese es el don que caracteriza a los elementos de Pérez Ortiz, encabezados por Bago, un sujeto ubicuo y definitivamente perplejo. Porque poco o nada le ocurre (tampoco a sus compañeros de trama), salvo la sensación de que algo inalcanzable está sobrevolando sus cabezas. Como fondo del poco previsible, porque lo cubre un manto de sutileza, argumento subyace una continua reflexión irónica, cuando no sarcástica, del autor acerca de cuanto Apocalipsis encierra la civilización moderna. Ejemplificado en el desastre automovilístico al que estamos abocados. Ahí, en su descripción, tal vez se hallen las mejores páginas de Apuntes de Malpaís. Al reflexionar sobre el caos circulatorio, y sus protagonistas, Luiz Pérez Ortiz pone a prueba sus dotes como prosista. Resultando ser Pérez Ortiz un estilista desnudo (de todo lo que no sean argumentos de fondo) y frugal. Naturalmente una novela donde nada, o penas nada, ocurre, difícilmente podría sostenerse sobre un enfoque realista puro y duro. En Apuntesde Malpaís lo cotidiano se apuntala, asimismo, en lo onírico. De manera que a veces, se presenta una frontera especialmente delicada que añadir a la continua sutileza aportada por el autor. Cerrando el siglo y milenio, en la estela de lo que se llamó posmodernidad, se presenta Apuntes de Malpaís como la crónica opaca de unos añicos. Crónica, necesariamente amarga, de unos tiempos muy imprecisos, tanto como el Malpaís que aquí aparece. Descrito por un Pérez Ortiz narrador-ilustrador, quien no desmiente sus orígenes.

01/03/1999

 
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