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Hito cultural: número 1.000 de la revista Agricultura
Francisco García Olmedo / Jaime Costa
10/01/17

Las culturas contemporáneas surgieron del costado de las agriculturas. La España actual nació del país rural que todavía éramos en la primera mitad del siglo XX. La eficiencia creciente de la producción de alimentos no sólo permitió nutrir a una población creciente, sino que liberó recursos humanos y materiales para cambiar nuestras ciudades y generar tanto una industria moderna como un vigoroso sector de servicios. Por eso afirmamos que, más allá del interés que pueda suscitar como revista especializada, la publicación del número 1.000 de la revista Agricultura constituye un hito cultural de primer orden. Página a página, a lo largo de ochenta y siete años, con una única interrupción entre septiembre de 1936 y enero de 1940, la revista ha retratado radiográficamente la radical evolución del mundo rural español, a modo de película en negativo del cambio cultural de nuestro país en su conjunto.

En enero de 1929, bajo una crisis de la economía mundial, unos meses antes de la salida del diario ABC, el más longevo de los actuales periódicos españoles, nació esta revista que plasmaba un proyecto que Francisco Jiménez Cuende había presentado meses antes a sus compañeros de la tertulia agraria que se reunía en el café Granja del Henar. Se ha recordado ahora que en poco tiempo se adhirieron al proyecto doscientos cincuenta socios que reunieron unas ciento setenta mil pesetas de la época para fundar Editorial Agrícola Española S. A., editora de la revista hasta la actualidad. Como término de comparación puede servir la cifra de doscientos suscriptores que, al parecer, tenía Revista de Occidente, que había sido creada seis años antes que Agricultura, pero cuya secuencia de publicación se vio interrumpida entre 1936 y 1961.

Han tenido el buen acierto de reeditar, junto al número 1.000, el número 1, de enero de 1929. Entre uno y otro, a finales de los años sesenta y a finales de los noventa, se han producido dos relevos del equipo fundador, en el que figuraban, además del ya mencionado Jiménez Cuende, como gerente, Manuel Álvarez Ugena, como director, y Demetrio Delgado de Torres y Jesús Aguirre Andrés como secretarios de redacción, este último antecesor mío en la cátedra. La agricultura que queda reflejada en el primer número es la de los arados vetustos, tirados por una sola bestia, los trabajadores agrícolas de boina y alpargatas, y la escarda a mano como tortura inevitable. Los artículos de este número de la revista están orientados no sólo a informar, sino a educar sobre la práctica cotidiana en relación con temas tales como la remolacha azucarera, la vid, el secano o los abonos. En cambio, en el número 1.000, dedicado a pensar sobre cómo será la agricultura en el año 2050, se habla de biotecnología, de agricultura de precisión, de tractores sin tractorista y con GPS, de control del riego con el smartphone o del uso de drones para analizar el suelo o la cosecha.

Si nos fijamos en la sección dedicada a cotizaciones y precios en el número de 1929, nos encontramos con que los productos se cotizaban todavía en reales por fanega (el trigo a 87 reales/fanega de 92 libras; menos de cincuenta pesetas por cien kilos). Uno de los logros de la producción que quedan reflejados en la revista a lo largo del tiempo es el del abaratamiento relativo del coste alimentario. Así, por ejemplo, el trigo no ha aumentado su precio real en el último medio siglo, a pesar del reciente repunte de su precio nominal (según datos de la FAO). Las estadísticas del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente nos muestran que en 1929 se cosecharon alrededor de 4,2 millones de toneladas de trigo producidas en 4,1 millones de hectáreas, mientras que en 2015 bastaron casi la mitad de las hectáreas para producir alrededor de 6,4 toneladas de dicho cereal. Y, sobre todo, del país rural en el que casi la mitad de la población vivía mejor que peor del campo, hemos llegado a una situación en la que a las labores agrícolas apenas se dedica el 3,5% de una población activa de 22,9 millones de personas.

De todos los cambios enumerados ha sido testigo minucioso la revista Agricultura.

Presten atención los historiadores.


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