Pese a lo que algunos quisieran creer, la arqueología no sólo no es una disciplina inocente desde el punto de vista político e ideológico, sino que resulta, a poco que analicemos la trayectoria de su evolución como ciencia, una de las más cargadas de contenidos potencialmente explosivos, sobre todo en cuestiones religiosas y en todas aquellas relacionadas con el nacionalismo, temas que por lo corriente afectan a los niveles más viscerales del comportamiento intelectual humano. Por citar un mecanismo de comunicación de verdadero impacto social (y no como los libros, de difusión tan limitada), series cinematográficas como la de Indiana Jones, en la que nazis perversos buscan poder y conocimiento en objetos como el Arca de la Alianza o el Santo Grial, reflejan con más acierto de lo que pudiera parecer el uso bastardo que de la arqueología se ha hecho y se viene haciendo por parte de algunas instancias políticas y –ahora también– mediáticas. También reflejan estas películas cómo en determinadas ocasiones la academia colabora voluntariamente en estos manejos, pensando con ingenuidad que podrá cabalgar el tigre para extraer beneficios científicos o personales, al modo en que los industriales alemanes de los años treinta pensaban también, [...]