El Guggenheim Bilbao, despus del efecto
ELENA VOZMEDIANO
CRTICA DE ARTE
En octubre de 2007 se cumpli el dcimo aniversario del Museo Guggenheim
Bilbao que, como era de esperar de un centro tan consciente de la importancia
de la promocin meditica, se celebr con obligado entusiasmo y oportuno
triunfalismo, seguido de grandes despliegues, casi siempre acrticos,
en prensa. Lejos quedaron los tiempos en que, mientras se firmaban secretamente
acuerdos y se avanzaba en la faranica y complejsima construccin, artistas,
intelectuales y periodistas atacaban sin tregua un proyecto que pareca
en muchos aspectos inadecuado para Bilbao. En cuanto las autoridades
tuvieron en sus manos las primeras cifras de visitantes y de impacto
econmico se apresuraron a hacerlas pblicas para acallar las opiniones
negativas. Lo lograron. Y, sin embargo, el Guggenheim no es an una institucin
estable y generalmente aceptada.
La campaa publicitaria ideada para este aniversario se basaba en la
palabra vasca Gu, que significa nosotros. Sntoma de que,
a pesar de los avances, el ciudadano vasco an no siente del todo como
propio el museo. En esas fechas, el mismo gobierno vasco, junto a Caja
Laboral, entreg el Premio vasco universal al Guggenheim suele concederse
a personas, no a instituciones, y menos dependientes de la administracin
autonmica por su contribucin a proyectar una imagen positiva del Pas
Vasco en el exterior. En los agradecimientos de rigor, el secretario
de Accin Exterior, Iaki Agirre, no pudo dejar de mencionar el famoso
efecto Guggenheim de transformacin urbana y econmica, que sigue siendo
hasta hoy la nica baza definitivamente ganada.
No todo han sido parabienes. Han visto en este ao la luz dos publicaciones
que se han enfrentado a la tarea de hacer balance de estos primeros aos
de andadura al margen del discurso oficial. El primero rene las intervenciones
de los distintos especialistas artistas, historiadores, crticos, gestores,
socilogos, arquitectos que participaron, en abril de 2004, en un simposio
celebrado en el Nevada Museum of Art de Reno, organizado por el Centro
de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada y coordinado por Anna
Maria Guasch y Joseba Zulaika .
Su ttulo, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, seguramente remite,
aunque no se explicite, al clsico Learning from Las Vegas de
Robert Venturi, lo que sugerira una asociacin con el elevado factor
de riesgo de las apuestas se ha hablado repetidamente de Krens como
jugador y se ha considerado lgico que el Guggenheim acabara teniendo
una sucursal en Las Vegas y, como aadido, con la tipologa de arquitectura
seductora, simblica, al servicio del entretenimiento y el consumo. Las
aportaciones que encontramos aqu son de altura irregular, pero tienen
la virtud de incluir perspectivas diversas, incluso encontradas, que
fomentan el debate. Desde la visin ms poltica de Jon Aza, uno de
los artfices del proyecto desde su puesto de vicelehendakari del Gobierno
vasco, hasta el irnico relato de la artista Andrea Fraser, que recorre
el museo guiada por la pomposa audiogua que se entrega a los visitantes.
Algunos de los textos tocan lateralmente la cuestin, como el del historiador
Serge Gilbaut, que se centra en los viejos planes de expansin brasilea
del MoMA o el de Lucy Lippard, que ni siquiera ha visto el museo, pero
en general proporcionan abundantes datos y proponen interpretaciones.
El segundo de los libros ahora aparecidos es el de Iaki Esteban, filsofo
y periodista de El Correo, que elabora una teora del ornamento
partiendo de los significados que dan a la palabra Adolf Loos y Sigfried
Kracauer, para adaptarla a las funciones polticas, econmicas y sociales
que se han atribuido al Guggenheim. El (llevadero) aparato filosfico
con el que se arropa el autor resulta en realidad prescindible en la
explicacin de los alcances del museo, que son expuestos con la suficiente
distancia crtica y apoyados en informaciones slo disponibles para quienes
como l han vivido todo el proceso desde muy cerca. Sabemos ya mucho,
gracias a stos y otros escritos, sobre el edificio, la utilizacin poltica,
las derivaciones econmicas y los usos sociales del museo. Quiz a estas
alturas lo que correspondera sera hacer un anlisis serio de los contenidos
del mismo y de sus funciones puramente artsticas. Ya desde su formulacin
sobre el papel, ha sido caracterstica definitoria del Guggenheim Bilbao
el subordinar su definicin como museo a los diferentes intereses que
concita. Desde la perspectiva de la crtica de arte, conviene conocer
cul es el modelo musestico que se ha propuesto, cmo se ha desarrollado
y cules son los efectos que ha tenido en el terreno artstico.
Debemos aceptar que un museo ya no es en primer lugar, y no lo ser
nunca ms, un espacio para el arte? El Guggenheim Bilbao es uno de los
ms llamativos indicadores en tal sentido. No es que no contenga arte
con excepciones: vestidos, motos..., y hasta de gran calidad; es que
el arte es slo un moblaje glamouroso del gran dispositivo propagandstico-turstico.
De contenido, ha pasado a envoltorio, a maquillaje. Una transformacin
que afecta sobre todo a los museos de arte contemporneo. A pesar de
que los museos histricos se han adaptado a los tiempos que corren con
nuevos espacios y servicios destinados sobre todo al turista que las
rejuvenecen y las hacen ms accesibles, no parece que hoy por hoy corran
el peligro de la radical disneyficacin que afecta a los de arte reciente.
Se han llevado a cabo en aqullos algunas intervenciones espectaculares,
desde la pirmide del Louvre a la bveda acristalada del British Museum
pero, aunque haya una parte del pblico que especialmente durante los
primeros meses tras su inauguracin acuda a ver las novedades arquitectnicas,
el contenido artstico, colecciones de arte antiguo y moderno de reconocido
valor, nunca podr ser oscurecido por ellas. Eso s, el ansia de visitantes
es palpable. El xito de las fotografas de Thomas Struth que los retrata
de manera casi antropolgica, no slo en centros de arte actual sino
tambin en histricos como el Metropolitan y el Prado, habla de la relevancia
que el pblico tiene en la realidad econmica y social del museo, en
su propia definicin y en la imagen con la que se identifica: el pblico
convertido en obra de arte ,
en codiciado bien digno de ser exhibido.
El museo de arte contemporneo es casi siempre de reciente fundacin.
Sobre todo en pases que, como el nuestro, se han sumado con retraso
a la dotacin de infraestructuras para la creacin del siglo XX. Muchas
veces el museo nace sin coleccin. El caso Guggenheim Bilbao, que dispone
slo temporalmente de una coleccin ajena, no es tan singular como podramos
pensar . Reunir una coleccin
propia es lento, requiere de una inversin considerable y no es polticamente
rentable. En nuestro pas son pocas las instituciones pblicas que estn
coleccionando de forma sistemtica y, sobre todo, planificada. En algunos
casos hay presupuestos reducidos para el funcionamiento de los museos;
en otros que tienen ms medios falta visin de futuro. El resultado es
que buena parte de las obras ms importantes que los artistas espaoles
producen hoy van a colecciones particulares o corporativas, y los museos
pblicos van a depender dentro de unas dcadas de lo que esos coleccionistas
quieran prestarles o donarles, o comprar en el mercado secundario a precios
mucho ms altos.
Desde hace aos se critica esa pulsin por parte de diferentes administraciones,
desde la estatal a las locales, de construir museos de arte, olvidndose
enseguida del mantenimiento y enriquecimiento de sus contenidos. Lo que
el Guggenheim nos ayuda a comprender es que lo que precisamente se desea
y ms se valora es la construccin. Si la arquitectura es tan buena
como en Bilbao, que se joda el arte .
Es increble que un gran arquitecto como Philip Johnson pueda decir algo
as, pero el exabrupto traduce de alguna manera un estado de opinin
muy extendido . Un giro
en las polticas culturales en el que intervienen al menos dos factores
de fondo.
LA ARQUITECTURA, LA MAYOR ENTRE LAS ARTES
El primero es poltico y econmico, medido en trminos de rentabilidad.
La crtica de The New York Times Deborah Solomon, escribiendo
precisamente sobre el Guggenheim y citando a Krens, defina muy bien
la situacin: Es ms fcil conseguir dinero para un edificio que para
una exposicin; el edificio es permanente. [...] Es ms grande que
una obra de arte, y menos misterioso .
La arquitectura espectacular posee el valor icnico que las campaas
de imagen requieren, no slo en el contexto urbano sino tambin en
el meditico, y resulta enormemente provechosa, como demuestra el efecto
Guggenheim. Para producir un gran salpicn en la piscina de la cultura
del espectculo actual ha dicho Hal Foster, has de tener una
gran piedra que tirar, tal vez tan grande como el Guggenheim Bilbao.
Muy pocas obras de arte individuales podran desempear ese papel,
por no decir ninguna .
Volveremos sobre el tema del tamao.
El segundo es la creciente consideracin de la arquitectura como la mayor
entre las artes. Lo fue ya en otros momentos histricos (antigedad,
medioevo) pero, por alguna razn, a partir del siglo XVIII justo cuando
su estudio y su prctica se regularizan a travs de las Academias y
tras las genialidades barrocas, entra en un perodo de modesta presencia
en los debates artsticos. En el siglo XX el arquitecto reaparece en
esos debates pero lo hace en crculos especializados y minoritarios.
Hasta los ltimos aos. El prestigio social del arquitecto clebre es
mucho mayor hoy que el del artista plstico. Cada nueva creacin de Foster,
Hadid, Zaera, Moneo, Ando y no digamos de Herzog y De Meuron o
el propio Frank Gehry suponen un gran acontecimiento internacional. El
ciudadano aprecia la belleza, la originalidad y la utilidad de su trabajo
y no se escandaliza por sus desmedidas ganancias como s hace cuando
se trata de artistas. El museo es uno de los gneros arquitectnicos
ms abiertos a la experimentacin, al lucimiento, y se acepta, justificadamente,
que determinados edificios son en s mismos obras de arte. Han llegado
incluso a eclipsar el valor artstico de lo que cobijan y,
sobre todo, a ser la razn de ser del museo. No se compite hoy tanto
por las mejores colecciones como por los mejores edificios .
Gehry es en particular contemplado como arquitecto-artista, y su edificio
de Bilbao es considerado por muchos como su obra maestra hasta la fecha.
El mismo Guggenheim dedic en 2001 una exposicin a su trayectoria y
en noviembre de 2005 el Artium de Vitoria mostr en otra su proyecto
para las bodegas Marqus de Riscal. El edificio de Frank Lloyd Wright
para el Solomon R. Guggenheim Museum en Nueva York fue tal vez el primer
ejemplo notable de arquitectura estelar y artstica para un museo, que
merece la pena visitar por s misma mucha gente sigue hacindolo hoy .
Desde entonces es marca de la casa. Las numerosas tentativas, a menudo
fallidas, de acuerdo entre la Fundacin Guggenheim y diversas ciudades
en todo el mundo han producido ya una pequea coleccin de proyectos
de arquitectos clebres, en variadas fases de desarrollo. El septiembre
de 2006 se inaugur en Bonn una exposicin con nada menos que veinticuatro
propuestas, entre las que figuraban las de Hans Hollein para Salzburgo
y Viena, Arata Isozaki para el SoHo neoyorquino y Bilbao, Rem Koolhaas
para Las Vegas, Zaha Hadid para Taiwn y Singapur, Jean Nouvel para Tokio,
Ro de Janeiro y Las Vegas y Enrique Norten para Guadalajara (Mxico),
nica que parece que s se construir.
Parece que la arquitectura es un atractivo motivo en torno al cual organizar
exposiciones en los espacios para el arte, y en ms de un sentido. Se
exhiben los propios proyectos arquitectnicos recurdese tambin la
muestra de arquitectura espaola en el MoMA, por ejemplo, en la que abundaban
los diseos para museos y triunfan los fotgrafos actuales que la toman
como uno de sus temas principales: Hiroshi Sugimoto, Thomas Ruff, Andreas
Gursky, Candida Hoffer o Gnther Frg han retratado construcciones
de grandes arquitectos modernos, en imgenes que adquieren un estatus
meta-artstico. La arquitectura de Gehry es especialmente fotognica,
caracterstica que le ha reportado al Guggenheim muchas pginas en revistas
y suplementos de todo el mundo. No slo su museo de Bilbao es el centro
de las miradas, claro. Hasta febrero pudo verse en la sala Koldo Mitxelena
de San Sebastin una exposicin, Construir, habitar, desocupar, en
la que el proceso edilicio de la citada sede para la bodega riojana es
protagonista absoluto de las fotografas de Adrian Tyler. Y an ms:
el verano pasado, el arquitecto canadiense ide un aparatoso diseo de
montaje para las fotografas de Sophie Calle en una autntica colaboracin
entre arquitecto y artista .
Los gestores y los administradores ya saben de los beneficios en imagen
que resultan de la colaboracin entre fotografa y arquitectura. La Fundacin
Telefnica present hace unos meses los trabajos encargados a ocho de
los ms valorados fotgrafos espaoles, Sergio Belinchn, Bleda y Rosa,
Jordi Bernad, Manel Esclusa, Aitor Ortiz, Xavier Ribas, Montserrat Soto
y Valentn Vallhonrat para documentar la construccin de su nueva sede
en Madrid, el Distrito C, obra del estudio Rafael de La-Hoz.
*
El museo de Frank Lloyd Wright es tambin uno de los primeros que se
propuso como experiencia y no como conocimiento. En la publicidad que
los museos se hacen, en todo el mundo, abunda hasta la nusea la expresin exciting
museum . Andrea
Fraser se burla de esa oferta de sensaciones extra-artsticas, y desentraa
su significado cuando seala que frente al sentimiento, por parte del
pblico, de que el arte contemporneo es algo difcil de tragar un
desafo, una pldora amarga la arquitectura espectacular convierte
una vivencia a priori fastidiosa en algo placentero .
Lo excitante y lo placentero tienen connotaciones erticas que Joseba
Zulaika identifica; las ciudades ya no quieren eso que antes llambamos
museo, sino un edificio dotado de una atraccin sexual capaz de despertar
el deseo de las masas y que, adems, sea un museo .
La experiencia prometida es menos intelectual que fsica. Y en este sentido,
es perfectamente coherente el esfuerzo que en los ltimos aos han hecho
los museos para tener entre sus servicios magnficos restaurantes liderados
por famosos cocineros. En el Guggenheim Bilbao, por ejemplo, triunfa
Martn Berasategui. El arquiturismo se asocia muy naturalmente con
el gastroturismo.
Esta dimensin sensorial del museo que va ms all de la relacin con
las obras es uno de los componentes fundamentales de los nuevos museos,
esos que no son ya fundamentalmente espacios para las artes plsticas.
Cuando Iaki Esteban utiliza el concepto ornamento en relacin al museo
de arte contemporneo, precisa que ste no se diferenciara en absoluto
de otras tipologas ornamentales como el parque de divulgacin cientfica
Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, Futuroscope de Poitiers,
Forum de Barcelona y que nunca podra aplicarse a un hospital o una
escuela, por mucho que se haya cuidado su diseo arquitectnico, dado
que se relaciona con la concepcin de la cultura como alternativa de
ocio .
El Guggenheim Bilbao ha tenido lgicamente muy en cuenta esas exigencias.
En una entrevista ya antigua, Juan Ignacio Vidarte, director del museo,
afirmaba que la gente acude all donde se le presentan ofertas atractivas,
y los museos en ese sentido 'compiten' con otras actividades con las
que la gente puede pasar el ocio: el cine, espectculos, deporte. [...]
Porque ahora estn requeridos por estmulos muy diversos: existe la televisin,
el cine, la cultura audiovisual tiene una enorme extensin, y eso hace
que la gente tenga unos niveles de sofisticacin y de sensibilidad mayores
a la hora de captar y catalogar lo que es bueno y lo que es malo .
Y ante la pregunta sobre los peligros para el arte derivados de asociarlo
con el ocio, responde: Eso es algo muy opinable. Normalmente la gente
sabe mejor que los artistas lo que es importante o no lo es [...] tener
una oferta aparentemente muy interesante y elevada pero que nadie ve,
al final no beneficia a nadie.
Para cumplir con ese programa, en competicin con todo tipo de ofertas
de ocio, es imprescindible el alcance meditico, prioritario en la estrategia
del Guggenheim. Como dice Zulaika, el museo krensificado al estilo
de Thomas Krens se caracteriza por obligar a los medios a producir
imgenes espectaculares que fomenten el deseo de los turistas, en grandilocuentes
reportajes mediticos .
Jon Aza acompa su intervencin en el seminario de Reno con una serie
de cuadros de resultados reproducidos en el libro de Akal, uno de los
cuales estaba dedicado al aumento espectacular de la atencin de la prensa
al museo; en l se informa de que, de 1998 a 2004, se calcula que fue
citado ms de 100 millones de veces en los medios .
Iaki Esteban califica la informacin periodstica sobre el museo como
un refrito de propaganda institucional: del museo, la ciudad, las instituciones
y los patrocinadores .
Mejor que mejor: la crtica ha quedado prcticamente anulada. En otra
entrevista, de este mismo ao de celebraciones, Vidarte nos aclaraba
cmo se computa el xito de prensa: un estudio que nos hace una consultora
y que nos mide en trminos econmicos cunto valen las noticias que aparecen
relacionadas con el museo en la prensa de seis o siete pases del mundo.
Los datos son muy alentadores: si fuera publicidad costara entre 25
y 30 millones de euros todo el ao .
Me pregunto si estas pginas dedicadas al Guggenheim que est usted leyendo
se incluiran en la cuenta.
MISIN ARTSTICA
Hay que reconocerle al Guggenheim que nunca ha ocultado sus mviles.
Y, sin embargo, se da en l un curiosa esquizofrenia entre propaganda
y secretismo . Se dan
pormenorizadas cifras de resultados econmicos pero todo lo que se
refiere a la gestin artstica del museo permanece en la niebla. Como
ha dicho Krens, mientras la marca Guggenheim est en la fachada del
edificio, la Fundacin americana seguir teniendo la mxima autoridad
sobre el programa de exposiciones y de adquisiciones .
Parece que, en efecto, nadie en Bilbao tiene poder para incidir de
forma efectiva sobre esos programas. Hay una directora de actividades
musesticas lo ms cercano a un director artstico, Petra Joos,
que ha comisariado algunas exposiciones en el museo y es de suponer
que tendr al menos voz en las decisiones que se tomen, sin que tengamos
constancia de ello. En los ltimos meses las adquisiciones realizadas
por el Guggenheim han sido tema de debate en el Parlamento Vasco ,
en el que la consejera de Cultura, Miren Azkarate, quiso dejar claro
que, aunque la presentacin de las ofertas viene de Nueva York, la
Sociedad Tenedora Museo de Arte Moderno y Contemporneo de Bilbao S.L.
participada al 50% por el Gobierno Vasco y la Diputacin de Vizcaya
tiene la ltima palabra y cuenta con sus asesores propios que avalan
las compras . La rectitud
empresarial de esta sociedad acaba de verse gravemente comprometida
al descubrirse el desfalco de cerca de medio milln de euros cometido
por el director de Administracin y Finanzas del Guggenheim, Roberto
Cearsolo. Pero cindonos a sus actuaciones en lo artstico, quienes
fueron y quines son esos asesores que mencionaba la sra. Azkrate?
Antes de abrir el museo, en 1993, se cre un equipo formado por Javier
Gonzlez de Durana, Javier Viar, Kosme de Baraano, Juan Manuel Bonet,
Vicente Larrea y Alfonso Zorrilla, que deba no slo aprobar sino proponer
adquisiciones. En 1995 se disolvi, y se contrat al primero de ellos
para que juzgara las propuestas llegadas de Nueva York. Se mantuvo
en el puesto hasta 1998. He consultado a Durana y me ha proporcionado
generosamente gran cantidad de informacin adicional muy til para
comprender el proceso. Fue l quien propuso los nombres de quienes
integraron la comisin inicial, que no trabajaba para el museo sino
directamente para el entonces consejero de Cultura, Joseba Arregi con
quien Durana tena una relacin de confianza tras haberle asesorado
entre 1987 y 1991 en temas de museos y patrimonio histrico, Guggenheim
incluido y que deba funcionar como escudo para frenar con argumentos
artsticos a Krens cuando se pasara de la raya en materia musestica
y poltica. La comisin quiso actuar con independencia pero lo hizo
infructuosamente, pues se vio pronto que el americano no iba a aceptar
opiniones ajenas y, sobre todo, crticas con su gestin. Hubo un viaje
a Nueva York de la comisin que result hasta ofensivo para sus componentes
por el poco respeto intelectual que se les demostr. A pesar de ello
elaboraron un primer proyecto de coleccin, no tanto con obras concretas
sino identificando los perodos ms interesantes de una serie de artistas
que sera deseable tener representados en el museo. En 1995 fue nombrada
una nueva consejera de Cultura, M Carmen Garmendia, hasta entonces
contraria al proyecto Guggenheim, que tuvo que hacerlo suyo y dej
en manos de Krens todo el asunto, disolviendo la comisin asesora.
Durana, que estaba entonces dirigiendo la Sala Rekalde, fue contratado
para redactar los informes tcnicos y curiatoriales que la administracin
vasca necesitaba surgidos de su seno para efectuar los pagos de las
primeras adquisiciones para el museo, que an no contaba con el personal
que pudiera hacer ese trabajo. Las propuestas venan siempre desde
Nueva York, con piezas fijas y precios ya negociados y cerrados. Hice
unos 40 o 50 informes en los cuales, por lo habitual, sealaba que
los precios me parecan disparatados por sobreelevados cuando se supona
que por su ventajosa posicin de museo de prestigio podran lograr
precios muy favorables, las obras propuestas no siempre eran interesantes
a veces eran mediocres y, sobre todo, no se deduca por ninguna parte
haca dnde se quera conducir la coleccin que se iniciaba. El anlisis
de mercado que acompaaba cada propuesta sola estar firmado por la
directora de Sotheby's en Nueva York, empresa con la que Krens haca
sus negocios, y consista en una carta suya con membrete de la casa
de subastas en la que, nunca en ms de tres lneas, deca sistemticamente
que el precio le pareca ajustado a los precios del mercado y que,
por tanto, recomendaba vivamente la adquisicin de la obra propuesta.
Esa persona poda tener muy poca objetividad, segn apostilla Durana,
quien llama la atencin adems sobre el reciente paso de Lisa Dennison
muy involucrada en las compras para Bilbao desde la direccin del
Guggenheim a la misma casa de subastas con la que el museo ha firmado
tantas y tan abultadas operaciones. Lo que se dijera en los informes
vascos no importaba, pues se trataba tan slo de un trmite administrativo.
Cuando en 1998 el museo pudo ya contar con personal propio se rescindi
el contrato de Durana.
Desde entonces, no hay un responsable visible. A travs del acta de la
mencionada comparecencia de la consejera en el Parlamento, que
fue llamada para que explicara cmo es que se perdieron seis millones
de euros por una mala gestin en compra de divisas y por qu el Guggenheim
se negaba a decir cunto ha costado cada obra adquirida ,
nos enteramos que han desempeado ese papel, en distintas operaciones,
Carmen Gimnez y Robert Rosenblum (ambos conservadores del museo en Nueva
York), Francisco Calvo Serraller (muy cercano a Gimnez), Rainer Michael
Mason y Matthias Brmann (colaboradores de Baraano, que ha tenido desde
la sombra mucha mano en el museo), Phyllis Tuchman, Hans Ulrich-Obrist,
Emmanuel Guigon, Fernando Castro Flrez y Juan Manuel Bonet.
He pedido a Fernando Castro Flrez que me confirmase si efectivamente
l ha avalado alguna compra del museo y me ha dicho, sorprendido y enojado,
que no es cierto. Tambin a Hans Ulrich Obrist, que responde categricamente:
Nunca he pertenecido a ningn comit en Bilbao, no he tenido ningn
tipo de relacin con el Guggenheim y no conozco a la gente que trabaja
all. El nico contacto que tuve con el museo fue cuando me pidieron
que escribiera un pequeo texto sobre Gilbert and George para un catlogo,
y lo hice. Estara mal que el gobierno vasco extrapolase que ese escrito
para un catlogo significa que soy asesor del museo. Cmo puede utilizar
la consejera sus nombre? Se trata de una mentira deliberada para justificar
la pasividad de la Sociedad Tenedora? Juan Manuel Bonet, por el contrario,
ratifica que s escribi en una ocasin un informe puntual y breve,
a peticin de Vidarte, para la adquisicin, cree recordar, de una obra
de Chillida, y alude con humor al secretismo inicial de los tiempos
en que form parte de la comisin asesora, cuando, en sus frecuentes
visitas a Bilbao, si me encontraba en la calle con algn amigo o conocido,
tena que hacer como si hubiera ido a tomarme unos pinchos. Etapa en
la que vimos bastantes cosas tanto en Espaa, como en Nueva York y Alemania pero
no lleg a comprarse nada.
Krens, siempre tan franco, explicaba as el proceso actual: Hay cierto
grado de discrecin y cierto grado de transparencia final. Cuando introducimos
una propuesta de adquisicin nuestros curadores escriben un argumento
para documentar por qu es importante. Entonces obtenemos tres estimaciones
por escrito de reconocidos expertos como Sotheby's, Christie's y alguien
ms independiente que testifican su valor. Con la tasacin del mercado
en la mano hago una presentacin al comit que tiene que aprobar la adquisicin.
No aprueban todo lo que proponemos, aunque s la mayora de las cosas,
porque estn muy documentadas y hechas muy profesionalmente, y finalmente
se convierten en parte de los documentos pblicos, pero no llevamos a
cabo este proceso en la prensa nacional .
Y qu se ha comprado en estos aos? La coleccin actual se compone de
85 obras de 47 artistas que han costado unos 90 millones
de euros. Muy pocas para diez aos. En ajustadas palabras de Javier Viar,
actual director del Museo de Bellas Artes de Bilbao e integrante de la
primera comisin asesora del museo vecino, se tratara de una coleccin
pequea comprada a precios americanos .
La cual tiene como una de sus misiones prever un contenido para el
museo en caso de que, dentro de otros diez aos, cuando concluya el plazo
del acuerdo con la Fundacin Guggenheim, ste no se renovara. Si contina
el ritmo de compras actual, pongamos que el Guggenheim Bilbao poseer
170 obras en 2017. Un pobre acervo, por importantes que sean las piezas.
El MUSAC de Len, que se inaugur en abril de 2005, tiene en la actualidad
910 obras de 316 artistas, con un presupuesto anual para adquisiciones
de un milln y medio de euros. Dentro del Pas Vasco, se considera que
la coleccin ms slida es la del Artium de Vitoria, con slo 400.000
euros anuales para adquisiciones y centrada en arte espaol y vasco,
pero con una experiencia de dcadas heredada del Museo de Bellas Artes
de lava, una constancia y una atencin a los artistas que despuntaban
en cada momento que han dado sus frutos.
Cmo se entiende desde Nueva York lo que debe ser la coleccin de la
sucursal vasca? De los 47 artistas representados en la coleccin, 20
son espaoles. Es una buena proporcin. Aunque Zulaika diga, exagerando
slo un poco, que slo se compra a los espaoles que viven en Nueva York
o estn en el mercado americano .
El impacto directo en el mercado del arte espaol es pequesimo, y en
el vasco prcticamente nulo pues, para efectuar las compras, se prefieren
las casas de subastas internacionales y las galeras de Madrid. La liaison de
Krens con Sotheby's es notoria. El episodio quiz ms reprobado de su
carrera es el de la venta, a travs de esta casa de subastas, de varias
obras importantes de la coleccin Guggenheim Kandinsky, Chagall, Modigliani
para hacer frente a las dificultades financieras de la institucin. En
la sucursal de Viena compr tambin obras de Beuys para el Guggenheim
Bilbao que luego resultaron ser falsas .
Examinado lo comprado, se podra deducir que son dos los principales
criterios que rigen las compras: la firma y el tamao. Desde un principio,
se decidi que en el museo slo entraran artistas de primera categora.
Son, en efecto, casi todos bien conocidos, bien situados en el mercado
y con obras pictricas y escultricas de marcado carcter objetual. Cualquier
coleccin deseara tener en su catlogo al 95% de ellos, aunque no siempre
con las piezas de Bilbao. La firma es importante no slo como garanta
de inversin sino tambin porque funciona como marca, caracterstica
muy apreciada en el contexto del consumo, tambin el cultural. Lo gracioso
es que a veces parece haberse comprado por metros cuadrados. No tanto
grandes obras de arte como obras de arte grandes. Los ms de 10 metros
de largo del Warhol, los 7 del Rosenquist, los 4'5 del Rothko, los 11
del Gilbert and George, los 6 del Tpies, los 8'5 del Urzay... o los
12 que suman los nueve paneles de la ltima adquisicin del museo, de
Cy Twombly, que han costado entre 20 y 22 millones de euros, sobrepasando
en mucho el presupuesto anual. Lo mismo cabe decir de la escultura monumental
dentro y fuera del museo: los impresionantes hierros de Richard Serra,
las Venus espaolas de Jim Dine (ms de 7'5 metros de altura,
el perrito de Jeff Koons (ms de 12) o la descomunal araa de Louise
Bourgeois... Las dilatadas dimensiones de los espacios arquitectnicos
piden, parecen pensar los responsables de las compras, obras gigantes.
Los nuevos museos, como seala Andrea Fraser, tienen la obsesin de crecer.
Los grandes espacios y el arte grande atraen al gran pblico .
Curiosamente, dice tambin Fraser, los dos espacios para el arte ms
grandes de Europa, el Fish del Guggenheim y la Turbine Hall de
la Tate Modern, se dan en grupos musesticos que siguen la poltica
de expansin mediante sucursales. El tamao es uno de los factores clave
de la espectacularizacin. Hal Foster saca conclusiones de esta tendencia,
expresada de forma consumada en el Guggenheim Bilbao, que afecta a la
correcta comprensin de las obras de arte: Como otros muchos nuevos
museos, sus espacios colosales estn diseados para alojar el arte de
'campo expandido' posterior a la II Guerra Mundial de Andre, Serra, Oldenburg
y sus variados sucesores. En realidad, estos museos falsifican el arte:
utilizan la gran escala de la escultura, concebida para desafiar al museo,
como pretexto para inflarlo hasta convertirlo en un gigantesco espacio-espectculo
que se traga al arte y no digamos al espectador .
Pero la coleccin propia es, supuestamente, un complemento para la gran
coleccin Guggenheim internacional. Se podra pensar que la mera posibilidad
de que el ciudadano vasco y espaol pueda gozar de las colecciones de
Nueva York y Venecia justifica plenamente la operacin. Sera cierto
si verdaderamente hubiera en Bilbao una presentacin continuada y nutrida
de esas colecciones. Pero no es del todo as. A veces no hay nada. Las
exposiciones temporales ocupan gran parte del espacio disponible y, como
dice Esteban, las presentaciones de la coleccin permanente americana,
que se suelen limitar a un artista o un momento histrico, no pasan habitualmente
de las veinte obras .
Tal vez lo ocurrido en Bilbao haya decidido a las autoridades venecianas
a rechazar en abril de 2007 el proyecto del Guggenheim para la Dogana,
en favor del coleccionista francs Franois Pinault: la propuesta de
la Fundacin Guggenheim no especificaba qu obras estaran expuestas
permanentemente en el museo dijo Luigi Bassetto, director de Patrimonio
en Venecia, a France-Presse. Por contra, el proyecto para Abu Dabi, con
sus graves contradicciones, va adelante y a partir de ahora muy directamente
supervisado por Thomas Krens .
El pasado noviembre se comunicaron datos del acuerdo: el gobierno del
emirato nombrar un comit que administrar las adquisiciones y los encargos
para crear la coleccin propia aunque los profesionales del Guggenheim
en Nueva York harn recomendaciones. Krens ha reconocido que no tendr
carta blanca . As
iba a ser en Bilbao.
*
Es evidente que la exposicin temporal es, despus del edificio, la gran
herramienta de atraccin de visitantes. Y, tras los fastos de la apertura
del museo, fuente inagotable de actividad poltica y de patrocinio, a
travs de inauguraciones, ruedas de prensa, cenas ...
Pero tambin el programa de exposiciones se decide en Nueva York. Y aqu,
el compromiso con el medio artstico vasco y espaol brilla por su ausencia.
Si en la coleccin encontrbamos ms o menos un 40% de nombres espaoles
aunque la proporcin de la inversin total en adquisiciones sea mucho
menor, el repaso pormenorizado de las muestras realizadas en estos diez
aos resulta muy decepcionante en cuanto al apoyo a lo propio. Pero es
muy instructivo porque revela que s existen unas ideas rectoras.
En primer lugar, las grandes exposiciones histricas, realizadas por
motivos estratgicos para la Fundacin Guggenheim, que son slo tres:
las dedicadas a China, Rusia y el imperio azteca, ms una de autobombo, Art
in the USA . Las
negociaciones con los gobiernos de esos pases para instalar sucursales
en ellos explican la inslita atencin a esas venerables culturas por
parte de un museo de arte contemporneo. En segundo, muestras fciles,
de relleno, que se traen en bloque de otros museos con los que la fundacin
tiene acuerdos de colaboracin: el Hermitage de San Petersburgo Rubens
y su poca el Kunsthistorisches de Viena la de obras maestras
que se inaugurar en 2008 o la Albertina De Durero a Rauschenberg;
Miguel ngel y su tiempo. En tercero, tambin de conveniencia para
Nueva York, colecciones particulares que la fundacin codiciaba:
la Blake-Purnell de arte figurativo que ha acabado en el Boston Museum
of Fine Arts y la famosa de Eli Broad quien en enero anul la prometida
donacin al LACMA en Los Angeles, das antes de que se inaugurara all
un anexo que lleva su nombre, el Broad Contemporary Art Museum, y ha
decidido ahora que se limitar a prestar obras a distintos museos; en
el caso de la coleccin de fotografa de Henry M. Buhl, miembro y ex-presidente
del Comit de Fotografa del Guggenheim de Nueva York, se trat, deduzco,
ms bien de un agradecimiento por la dedicacin y los fondos para adquisiciones
que ha entregado al museo. No tengo noticias, por el contrario, de que
el Guggenheim tenga compromisos o intereses declarados en relacin a
la coleccin de Jean Pigozzi, con la que se mont 100% frica. Cuarto
tipo de exposiciones, las que no son de arte pero se venden a cambio
de un buen patrocinio y atraen muchos visitantes: las motos y Armani.
Quinto, las ms interesantes, que analizan relaciones artsticas y culturales
o profundizan en un momento histrico, como Pintores, escultores
y la cmara, Arquiescultura o Amazonas de la vanguardia. Sexto,
las ms abundantes, presentaciones monogrficas de artistas clebres,
la mayora americanos: Rauschenberg, Frankenthaler, Warhol, Serra, Salle,
Calder, Clemente, Paik, Rothko, Rosenquist, Dubuffet, Kiefer. Sptimo,
arte vasco y espaol, que se cuentan con los dedos de las dos manos:
Iglesias, Chillida, Valds, Oteiza, Palazuelo, La torre herida por
el rayo, Incgnitas. Cartografas del arte contemporneo en Euskadi y Chacun
son got. No se deben considerar exposiciones las mnimas presentaciones
de fondos propios de Saura, Miquel Navarro, Lazkano, Juregui, o las
colectivas Arte contemporneo vasco y espaol y Transparencias, sta
con slo cinco obras tambin pertenecientes al museo bilbano.
El libro de Iaki Esteban, que es muy crtico en algunos aspectos y adems
refleja justamente la ausencia de crtica en los medios de comunicacin
hacia las interesadas operaciones de la Fundacin Guggenheim a cuenta
de los vascos, no censura sin embargo la falta de enjundia del programa
expositivo del museo. En su opinin, como el Guggenheim se justifica
por su funcin cultural hace lo posible por mantenerla. El autor rechaza
dos extremos evidentes: que el museo de Bilbao s es una sucursal del
neoyorquino y que se
ha rendido al espectculo a travs del aligeramiento de contenidos .
Pretende demostrar su postura poniendo como ejemplo las dimensiones casi
inabarcables de la exposicin de China. Sin embargo, la mayora de las
exposiciones han sido pequeas y perfectamente asimilables. Es verdad
que no pueden calificarse de traca festivalera ,
pero tampoco se puede hablar de una lnea seria de trabajo expositivo.
Y me parece que yerra, mostrando poco aprecio por la creacin actual,
cuando dice que el Guggenheim Bilbao ha tenido inclinacin a mostrar
lo ms efectista del arte contemporneo, un aspecto inevitable dentro
del mismo panorama artstico de nuestros das, en el que ya nadie se
dedica a las miniaturas flamencas o a similares realizaciones logradas
con talento y paciencia .
GU
En cualquier caso, como dice Zulaika, si una exposicin no llega al medio
milln de visitantes se considerar un fracaso. Cifras que, piensan
los responsables del museo, los artistas locales no podran conseguir .
A da de hoy, el Guggenheim no ha logrado normalizar sus relaciones
con el medio artstico vasco. El Gu de la publicidad cumpleaera
no acaba de convencer. Todo deriva de que, como concluye Andrea Fraser,
el Guggenheim Bilbao es menos el resultado de una poltica cultural
que el producto de una poltica econmica .
La artista demuestra haber comprendido bien la esencia del proyecto
cuando explica que el partido nacionalista firm un acuerdo que exclua
lo nacional pero implicaba una maniobra anti-Madrid .
En este sentido, y en ningn otro, resulta coherente el prolongado
empeo por parte de los responsables polticos del museo de trasladar
el Guernica a Bilbao, subrayado por Esteban .
Los artistas vascos no se sienten vinculados al museo, e incluso llegan
a profesarle animadversin. Cuando Juan Luis Moraza intentaba el ao
pasado montar en tiempo record su Incgnitas. Cartografas del arte
contemporneo en Euskadi , se
encontr con que varios artistas destacados se negaron a llevar sus obras
al Guggenheim. Desde el museo no se ha fomentado la produccin y los
profesionales no han sido invitados a involucrarse en sus dinmicas.
El hecho de que no haya en l apenas personal dedicado al trabajo ms
puramente artstico como dice Esteban, hay slo dos comisarios fijos
en plantilla, frente a los muchos abogados y economistas contratados
no favorece el dilogo con comisarios, crticos, artistas... Como casi
todo el trabajo curatorial se hace en Nueva York e incluso all el protagonismo
del comisario se supedita a la marca Guggenheim
apenas ha habido especialistas espaoles en las exposiciones del museo:
Gonzlez de Durana, Kosme de Baraano, Manuel Borja-Villel, Txomin Badiola,
Rosa Martnez y Juan Luis Moraza han sido, creo, los nicos que han firmado
alguna muestra. El museo bien podra mantener un pequeo programa de
formacin de jvenes comisarios. No lo hay, como tampoco se ha favorecido,
hasta ahora, el debate en su seno. Un museo de arte contemporneo activo,
eficiente y comprometido debera ser siempre un centro de arte desde
el que se apoya la creacin, funcionando como punto de encuentro no slo
de los profesionales del arte con sus pares, sino tambin de stos con
el pblico. Pero el nuevo museo turstico no est para eso.
La publicidad institucional del museo prometa convertir Bilbao en un
gran centro cultural y artstico. Deca Jon Aza que liderar el mundo
de los museos atrae y afianza la presencia de artistas, de educadores,
coleccionistas, gestores, gobiernos, patrocinadores, ejecutivos y, sobre
todo, fomenta la imaginacin. Algo de esto s ha habido, segn me confirma
Ignacio Mgica, uno de los directores de la galera Carreras Mgica,
antigua Colon XVI, que abri cuatro aos antes de que se inaugurara el
Guggenheim. Antes del museo, para el mundo del arte internacional Bilbao
no exista. Ahora, cuando una galera va a una feria en el extranjero
es fcil que sus interlocutores sepan dnde est la ciudad e incluso
la hayan visitado, comprobando que hay vida artstica en ella. Es menos
difcil convencer a un artista forneo, dice el galerista, para que exponga
all, y a los coleccionistas europeos y espaoles les da menos pereza
desplazarse, por lo que las ventas se han animado bastante .
Luego veremos cmo ha afectado al coleccionismo local. Es tambin verdad
que en el Pas Vasco se han creado nuevas infraestructuras artsticas
en estos aos Artium y Montehermoso en Vitoria; los museos de Chillida
y Oteiza, Sala Kubo en el Kursaal y Tabacalera en San Sebastin....
En Bilbao se ha desdoblado la sala de la BBK, se ha creado el centro
de produccin BilbaoArte y ha abierto alguna galera, aunque siguen siendo
muy pocas: ocho en el plano-agenda Bilbao Contemporneo. Ya est.
Tambin se auguraba la proyeccin internacional del arte vasco. No parece
que los artistas vascos hayan traspasado fronteras gracias al museo,
aunque se reconozca el mayor movimiento que mencionaba Mgica. Anna Maria
Guasch constata que el Guggenheim no se hizo vasco, a pesar de las
promesas de Krens, y que la cultura vasca no ha influido en el programa
del Guggenheim internacional .
Slo Oteiza e Iglesias han llegado a la sede neoyorquina con individuales,
y las obras de artistas vascos que posee la bilbana nunca aparecen en
las publicaciones de la constelacin Guggenheim. Es muy significativo
el relato que el periodista Kim Bradley haca en Art in America de
su experiencia como invitado de las autoridades vascas cuando se abri
el museo: aparte de visitas superficiales a las esculturas pblicas
de Chillida y al Museo de Bellas Artes de Bilbao, no se nos hizo mencin
de la escena artstica actual, de artistas, galeras o espacios alternativos,
otros museos regionales o escuelas de arte .
En este ltimo ao ha habido algunos signos que indican al menos una
nueva disposicin. Que se hayan organizado dos colectivas dedicadas al
arte vasco en un solo ao constituye todo un rcord. En marzo de 2007,
el museo puso en marcha junto a la mencionada agrupacin de galeras
un sistema de apoyo al coleccionismo particular entre los Amigos del
museo que son muchos, ms de 16.000 :
el Club de Compra Bilbao Contemporneo, con slo diecisis obras ofertadas,
dos por galera y un sistema de pago por cuotas mensuales. La respuesta
fue casi inaudible: no llegaron a la docena las obras vendidas (con un
precio de 1.000 o 2.000 euros), pero los galeristas estn contentos porque
el museo ha demostrado que desea apoyar su labor, y esperan que en la
prxima campaa se explique mejor la disponibilidad de obras adicionales
y haya ms interesados .
Ignacio Mgica, a pesar de que el negocio va mejor, tiene claro que no
han surgido muchos ms coleccionistas en Bilbao y que pretender que el
Guggenheim invierta una parte de su presupuesto de adquisiciones en las
galeras de Bilbao es pedir imposibles. Y, sin embargo, al museo no
le costara mucho hacerse con una buena representacin del arte vasco
de las ltimas dcadas. Con lo que han costado los Twombly sobrara pero,
pensando en el futuro, con que se reservara una dcima parte del presupuesto
anual de compras para los artistas vascos se podra ir avanzando rpidamente.
Vidarte parece ms receptivo a las demandas del mundo artstico: si Moraza,
un artista relativamente bien tratado por el museo, acept hacer el comisariado
mencionado fue a cambio de un compromiso por parte del director de ser
constante en el seguimiento museogrfico del contexto regional a travs
de exposiciones temticas, histricas, proyectivas, retrospectivas,
personales, colectivas, culturales, etc. .
La muestra de Moraza, que era sobre todo documental, se concibi como
un prefacio de un proyecto de confeccin progresiva de una cartografa
del arte moderno y contemporneo en el Pas Vasco. Adems, el mismo
artista ha dirigido en estos meses un ciclo de conferencias y mesas redondas
titulado Artes suspensivos. Foro de arte contemporneo en el Pas
Vasco en el que han participado artistas y especialistas de diversas
generaciones y que han tenido como marco el saln de actos del museo.
Lo que no ha cambiado es la clarsima vocacin empresarial que el Guggenheim
Bilbao ha tenido desde su misma concepcin. Necesita al gran pblico
pero, en la misma medida, necesita al capital. Por una parte tiene la
presin de la autofinanciacin y por otra debe cumplir la promesa de
funcionar como imn para inversores en la ciudad. Jon Aza define el
Guggenheim como smbolo del apoyo a los congresos econmico-culturales
de primer nivel y fuerza motriz de las compaas vascas .
Como dice el artista Hans Haacke, citando un folleto del Metropolitan,
El negocio del arte conoce el arte de los buenos negocios .
El trabajo de captacin de patrocinadores realizado por el Guggenheim
ha tenido repercusiones cada cual opinar si positivas o negativas
en la extensin de la prctica del patrocinio en la regin, que ha llegado
con menos dificultad que antes a otras instituciones artsticas; stas,
por otra parte, se ven obligadas a competir con el atractivo y la presencia
meditica del museo de Bilbao para seducir a sus benefactores .
La atencin prioritaria a las empresas es una consigna heredada de Nueva
York y reforzada en el contexto vasco. La web del museo neoyorquino presenta
sus actividades en este terreno con una expresin de significado inconfundible
Corporate entertaining y con la siguiente explicacin: En sus cinco
diferentes ubicaciones incluye Bilbao, el Museo Guggenheim ofrece varios
espacios arquitectnicos nicos para que los miembros corporativos se
refiere a sus patrocinadores reciban a sus clientes, colegas, empleados
y otros invitados. En Bilbao, los espacios disponibles son el atrio,
el auditorio, el vestbulo, la cafetera y el aula de educacin. El departamento
encargado de atenderles tendr mucho trabajo: son 148 los miembros corporativos,
entre instituciones y empresas. A pesar de ello, el porcentaje de autofinanciacin
del museo descendi en 2007 del 75% al 65%.
Lamentablemente, los vascos visitan cada vez menos el museo: slo un
6% de los visitantes en 2007, unas 60.000 personas. El precio de la entrada,
que debe ser el ms caro de Espaa (10,50 euros), seguramente habr influido
en la falta de fidelidad. Algo que debera preocupar a los responsables
polticos, pues los museos los de antes y los de ahora tienen la obligacin
de trabajar para los ciudadanos, no para los polticos o sus patrocinadores.
Y ms cuando se nutren de nuestros impuestos. Estamos en un momento extraordinario
en cuanto al inters que un pblico cada vez mejor informado muestra
hacia el arte contemporneo. Una buena gestin musestica debera aprovechar
ese deseo de aprender y de participar defendiendo una misin y una programacin
en las que el contenido prime sobre el continente. El Guggenheim es lo
que se firm que fuera: el margen de maniobra es limitado, pero existe
la posibilidad de que desde la sociedad vasca y desde sus rganos de
gobierno se exija mayor transparencia y una vocacin de servicio pblico
ms clara.
La ocasin de imprimir un giro al museo se ha presentado. El 28 de febrero
se hizo pblico que Thomas Krens abandonaba la direccin de la Fundacin
Guggenheim para centrarse en el proyecto de Abu Dabi. Continuar siendo
consejero para asuntos internacionales, lo que seguramente prolongar
en alguna medida su influencia en Bilbao, pero las condiciones en las
que se ha producido su cese hacen pensar que ya no llevar la voz cantante.
El patronato de la fundacin ha dejando de apoyar sus desproporcionados
planes expansionistas, y se muestra ms preocupado por restituir al museo
de Nueva York el prestigio perdido y, sobre todo, por las enormes dificultades
para encontrar un buen director para l, tras la marcha de Lisa Dennison
en julio, mientras Krens estuviera al mando. Aqu tardaremos en sentir
los efectos del cambio. La empresa cazatalentos Phillips Oppenheim debe
buscar al sucesor de Krens a la vez que intenta localizar un sustituto
para Philippe de Montebello en el Metropolitan, y habr que ver hacia
dnde quiere caminar la constelacin Guggenheim. Vidarte y sus patronos
polticos disponen de unos meses para replantearse sus objetivos y sus
procedimientos, y mantener despus un dilogo ms equilibrado con los
estadounidenses.
Autor ste del primer estudio sobre la gnesis del museo, publicado por Nerea en 1997: Crnica de una seduccin: El Museo Guggenheim Bilbao.
Arts audiences become artworks themselves: as titulaba Michael Kimmelman su crtica de la exposicin de Struth en la galera Marian Goodman. The New York Times, 10 de abril de 2007.
Ahora mismo se trabaja en Venecia en el acondicionamiento de la Dogana para la coleccin del francs Pinault; en Berln, el grueso de los expuesto en la Hamburger Bahnhof pertenece al polmico Friedrich Christian Flick; en Valladolid, tenemos la Coleccin Arte Contemporneo en el Patio Herreriano.
"When the building is this good, who gives a fuck about the art?" Philip Johnson, citado en "53 Design Classics," One Magazine, april/mayo de 2001), p. 64.
Esteban lo cita y puntualiza que, de momento, el museo no puede prescindir del arte. O s. Se extiende el formato Centro de interpretacin, que encanta a ayuntamientos y comarcas con algn atractivo natural o patrimonial, y que se monta con unos cuantos paneles interactivos, proyecciones e ingenios tecnolgicos. Y ya hay quien se atreve a llamar museo a algo que no lo es ni por asomo, como el MAM o Museo Abierto de Mrida, con diseo de Rafael Mesa, que es slo un centro de informacin y recepcin de turistas, con tienda y restaurante.
Deborah Solomon, Is The Go-Go Guggenheim Going, Going..., The New York Times, 30 de junio de 2002. Cita tambin al pintor Frank Stella, que ve otras motivaciones: La gente que pone el dinero confa en el valor del edificio; saben que no les estn timando. No quieren gastar 60 millones de dlares en un Van Gogh porque piensan secretamente que la propiedad inmobiliaria los vale y el cuadro no.
Se acaba de inaugurar el Caixaforum de Madrid, con diseo de Herzog & De Meuron. La rueda de prensa estaba atestada, con numerosos corresponsales extranjeros que jams se habran molestado en ir a conocer cualquier otro centro cultural de una caja de ahorros espaola. Estaban all por la arquitectura. Y, de nuevo, el conservador programa con el que arranca el centro -esculturas de Mitoraj!-contrasta con la decidida apuesta por la vanguardia arquitectnica.
Guasch y Zulaika citan a Vittorio Magnano Lampugnani: museos como obras de arte que albergan otras obras de arte, en segundo plano. Aprendiendo del Guggenheim Bilbao. El museo como instrumento cultural, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, p. 16.
En el citado artculo de Solomon: As Krens says, 'The Frank Lloyd Wright building is the greatest work in the collection'.
Guasch y Zulaika (p. 17) sealan que es James Cuno Against the Discursive Museum en Peter Noever (ed.), The Discursive Museum, Hatje Cantz, Viena, 2001 p. 45 quien ha definido ese paradigma del exciting museum.
Iaki Esteban, El efecto Guggenheim, p. 17. Guasch y Zulaika (p. 15) sitan el origen de la museificacin globalizada en el Centro Pompidou de Pars, que descubri un nuevo tipo de pblico, ms cercano a la industria del turismo y la revitalizacin de las economas urbanas.
Entrevista de Mercedes Gallego. Especial 10 aos, El Correo Digital. En la web del peridico, seccin Especiales.
Como dice Esteban (p. 27), el debate cultural sobre si es un museo espectculo no importa. Pesan ms los ataques polticos y econmicos que son los que llegan a los peridicos y a la arena poltica.
Se puede consultar el acta de su intervencin en la web del Parlamento Vasco: www.parlamento.euskadi.net/pdfdocs/publi/3/07/05/20040511.pdf
Y no la convencieron: sigue siendo secreto, aunque s se conoce el gasto global, de unos seis millones de euros al ao.
El autor calcula un 15% del espacio para la coleccin (pp. 70 y 76). El ao que viene, segn ha anunciado el propio museo, slo habr una presentacin de la coleccin permanente de los museos Guggenheim: un conjunto de instalaciones de Matthew Ritchie, David Altmejd, Candice Breitz, Omar Fast y Alexandra Mir.
Abu Dabi impide la entrada al pas a ciudadanos israeles o de cualquier otro pas que tengan sellos de Israel en su pasaporte. Se da la circunstancia de que el Guggenheim fue fundado por una familia juda, posee obras de numerosos artistas de tal confesin y, en su sede rabe, ser diseada por el judo Gehry, como ha subrayado Jerry Saltz. Adems, sus leyes persiguen la homosexualidad (y hay tantos artistas de esa condicin sexual y tantas obras que la reflejan) y su sensibilidad no permite la exhibicin de desnudos (qu decir de su abundancia en el arte occidental moderno y contemporneo). Krens tendr que salvar situaciones difciles, aunque la respuesta de los intelectuales estadounidenses ha sido mucho menos airada que la de los franceses, que tendrn que ver cmo el Louvre abre sucursal en Abu Dabi.
Esteban, p. 75: cada vez que han existido negociaciones serias con un pas para llevar all el Guggenheim se ha dedicado una gran exposicin a su cultura. Pas tambin con Brasil, que no lleg a Bilbao.
Zulaika, p. 169: la cesin de soberana poltica es impensable, pero aceptable la cesin de soberana cultural.
La propuesta de Rosa Martnez, tan lejana a la visin del arte vasco que tiene el museo, haba producido vrtigo a Vidarte y quiso contextualizarla con una seleccin de la coleccin propia. Moraza propuso otra cosa.
Esteban, p. 70. El Guggenheim Bilbao no se presenta, dice, como un modelo de museo sino como un modelo de gestin.
Lo dijo Lisa Dennison cuando fue nombrada directora en Nueva York. Tyler Green, Krens Relinquishes The Ramps! Ms. Dennison To Feed Starved Gugg, The New York Observer, 2 de octubre de 2005: Con Krens, las exposiciones blockuster se organizaban desde la cumbre y la tarea curatorial era escasa. 'Creo que nuestros comisarios merecen seguramente mayor visibilidad y prominencia de las que obtienen, sea por una razn u ora', dijo Dennison. 'Me parece que si me preguntara quines son los cinco comisarios estrella en el MoMA le podra contestar tal, tal y tal. Pero no me parece que el hombre de la calle en Chelsea pueda nombrar cinco comisarios estrella en el Guggenheim'.
Adems, el Artium, el Museo de Bellas Artes de Bilbao e instituciones pblicas como la Diputacin de Vizcaya son activos coleccionistas del joven arte vasco que ms abunda en estas galeras locales.
Anna Maria Guasch, Museos globales versus artistas locales, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, p. 197. El propio museo, opina Guasch, es un non-site, desvinculado de la ciudad; una adaptacin del diseo de Gehry para el auditorio Walt Disney Hall en Los ngeles. Y sus contenidos no tienen nada que ver con la tradicin artstica vasca.
Kim Bradley, The deal of the century - opening of the Guggenheim Museum Bilbao, Spain, Art in America, julio de 1997.
Petra Prez, de la galera Vanguardia: Que el museo haya puesto a nuestra disposicin la posibilidad de hacerlo conjuntamente e informar desde sus publicaciones, es una oportunidad que no podemos desaprovechar.
Viar, p. 109: mientras el Guggunheim tiene 31 patrocinadores, el Museo de Bellas Artes slo 9. Y 14.000 amigos en el primero frente a 1.600 en el segundo (datos de 2004). Viar hace una crtica velada a su vecino al hablar de la realidad socioeconmica particular del Guggenheim y al apuntar que buena parte de las actividades del Guggenheim se realizan a puerta cerrada y de espaldas a otras realidades circundantes.