logo  

im imprimir

El Guggenheim Bilbao, despus del efecto

ELENA VOZMEDIANO
CRTICA DE ARTE


En octubre de 2007 se cumpli el dcimo aniversario del Museo Guggenheim Bilbao que, como era de esperar de un centro tan consciente de la importancia de la promocin meditica, se celebr con obligado entusiasmo y oportuno triunfalismo, seguido de grandes despliegues, casi siempre acrticos, en prensa. Lejos quedaron los tiempos en que, mientras se firmaban secretamente acuerdos y se avanzaba en la faranica y complejsima construccin, artistas, intelectuales y periodistas atacaban sin tregua un proyecto que pareca en muchos aspectos inadecuado para Bilbao. En cuanto las autoridades tuvieron en sus manos las primeras cifras de visitantes y de impacto econmico se apresuraron a hacerlas pblicas para acallar las opiniones negativas. Lo lograron. Y, sin embargo, el Guggenheim no es an una institucin estable y generalmente aceptada.
La campaa publicitaria ideada para este aniversario se basaba en la palabra vasca Gu, que significa nosotros. Sntoma de que, a pesar de los avances, el ciudadano vasco an no siente del todo como propio el museo. En esas fechas, el mismo gobierno vasco, junto a Caja Laboral, entreg el Premio vasco universal al Guggenheim suele concederse a personas, no a instituciones, y menos dependientes de la administracin autonmica por su contribucin a proyectar una imagen positiva del Pas Vasco en el exterior. En los agradecimientos de rigor, el secretario de Accin Exterior, Iaki Agirre, no pudo dejar de mencionar el famoso efecto Guggenheim de transformacin urbana y econmica, que sigue siendo hasta hoy la nica baza definitivamente ganada.
No todo han sido parabienes. Han visto en este ao la luz dos publicaciones que se han enfrentado a la tarea de hacer balance de estos primeros aos de andadura al margen del discurso oficial. El primero rene las intervenciones de los distintos especialistas artistas, historiadores, crticos, gestores, socilogos, arquitectos que participaron, en abril de 2004, en un simposio celebrado en el Nevada Museum of Art de Reno, organizado por el Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada y coordinado por Anna Maria Guasch y Joseba Zulaika . Su ttulo, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, seguramente remite, aunque no se explicite, al clsico Learning from Las Vegas de Robert Venturi, lo que sugerira una asociacin con el elevado factor de riesgo de las apuestas se ha hablado repetidamente de Krens como jugador y se ha considerado lgico que el Guggenheim acabara teniendo una sucursal en Las Vegas y, como aadido, con la tipologa de arquitectura seductora, simblica, al servicio del entretenimiento y el consumo. Las aportaciones que encontramos aqu son de altura irregular, pero tienen la virtud de incluir perspectivas diversas, incluso encontradas, que fomentan el debate. Desde la visin ms poltica de Jon Aza, uno de los artfices del proyecto desde su puesto de vicelehendakari del Gobierno vasco, hasta el irnico relato de la artista Andrea Fraser, que recorre el museo guiada por la pomposa audiogua que se entrega a los visitantes. Algunos de los textos tocan lateralmente la cuestin, como el del historiador Serge Gilbaut, que se centra en los viejos planes de expansin brasilea del MoMA o el de Lucy Lippard, que ni siquiera ha visto el museo, pero en general proporcionan abundantes datos y proponen interpretaciones.
El segundo de los libros ahora aparecidos es el de Iaki Esteban, filsofo y periodista de El Correo, que elabora una teora del ornamento partiendo de los significados que dan a la palabra Adolf Loos y Sigfried Kracauer, para adaptarla a las funciones polticas, econmicas y sociales que se han atribuido al Guggenheim. El (llevadero) aparato filosfico con el que se arropa el autor resulta en realidad prescindible en la explicacin de los alcances del museo, que son expuestos con la suficiente distancia crtica y apoyados en informaciones slo disponibles para quienes como l han vivido todo el proceso desde muy cerca. Sabemos ya mucho, gracias a stos y otros escritos, sobre el edificio, la utilizacin poltica, las derivaciones econmicas y los usos sociales del museo. Quiz a estas alturas lo que correspondera sera hacer un anlisis serio de los contenidos del mismo y de sus funciones puramente artsticas. Ya desde su formulacin sobre el papel, ha sido caracterstica definitoria del Guggenheim Bilbao el subordinar su definicin como museo a los diferentes intereses que concita. Desde la perspectiva de la crtica de arte, conviene conocer cul es el modelo musestico que se ha propuesto, cmo se ha desarrollado y cules son los efectos que ha tenido en el terreno artstico.
Debemos aceptar que un museo ya no es en primer lugar, y no lo ser nunca ms, un espacio para el arte? El Guggenheim Bilbao es uno de los ms llamativos indicadores en tal sentido. No es que no contenga arte con excepciones: vestidos, motos..., y hasta de gran calidad; es que el arte es slo un moblaje glamouroso del gran dispositivo propagandstico-turstico. De contenido, ha pasado a envoltorio, a maquillaje. Una transformacin que afecta sobre todo a los museos de arte contemporneo. A pesar de que los museos histricos se han adaptado a los tiempos que corren con nuevos espacios y servicios destinados sobre todo al turista que las rejuvenecen y las hacen ms accesibles, no parece que hoy por hoy corran el peligro de la radical disneyficacin que afecta a los de arte reciente. Se han llevado a cabo en aqullos algunas intervenciones espectaculares, desde la pirmide del Louvre a la bveda acristalada del British Museum pero, aunque haya una parte del pblico que especialmente durante los primeros meses tras su inauguracin acuda a ver las novedades arquitectnicas, el contenido artstico, colecciones de arte antiguo y moderno de reconocido valor, nunca podr ser oscurecido por ellas. Eso s, el ansia de visitantes es palpable. El xito de las fotografas de Thomas Struth que los retrata de manera casi antropolgica, no slo en centros de arte actual sino tambin en histricos como el Metropolitan y el Prado, habla de la relevancia que el pblico tiene en la realidad econmica y social del museo, en su propia definicin y en la imagen con la que se identifica: el pblico convertido en obra de arte , en codiciado bien digno de ser exhibido.
El museo de arte contemporneo es casi siempre de reciente fundacin. Sobre todo en pases que, como el nuestro, se han sumado con retraso a la dotacin de infraestructuras para la creacin del siglo XX. Muchas veces el museo nace sin coleccin. El caso Guggenheim Bilbao, que dispone slo temporalmente de una coleccin ajena, no es tan singular como podramos pensar . Reunir una coleccin propia es lento, requiere de una inversin considerable y no es polticamente rentable. En nuestro pas son pocas las instituciones pblicas que estn coleccionando de forma sistemtica y, sobre todo, planificada. En algunos casos hay presupuestos reducidos para el funcionamiento de los museos; en otros que tienen ms medios falta visin de futuro. El resultado es que buena parte de las obras ms importantes que los artistas espaoles producen hoy van a colecciones particulares o corporativas, y los museos pblicos van a depender dentro de unas dcadas de lo que esos coleccionistas quieran prestarles o donarles, o comprar en el mercado secundario a precios mucho ms altos.
Desde hace aos se critica esa pulsin por parte de diferentes administraciones, desde la estatal a las locales, de construir museos de arte, olvidndose enseguida del mantenimiento y enriquecimiento de sus contenidos. Lo que el Guggenheim nos ayuda a comprender es que lo que precisamente se desea y ms se valora es la construccin. Si la arquitectura es tan buena como en Bilbao, que se joda el arte . Es increble que un gran arquitecto como Philip Johnson pueda decir algo as, pero el exabrupto traduce de alguna manera un estado de opinin muy extendido . Un giro en las polticas culturales en el que intervienen al menos dos factores de fondo.

LA ARQUITECTURA, LA MAYOR ENTRE LAS ARTES
El primero es poltico y econmico, medido en trminos de rentabilidad. La crtica de The New York Times Deborah Solomon, escribiendo precisamente sobre el Guggenheim y citando a Krens, defina muy bien la situacin: Es ms fcil conseguir dinero para un edificio que para una exposicin; el edificio es permanente. [...] Es ms grande que una obra de arte, y menos misterioso . La arquitectura espectacular posee el valor icnico que las campaas de imagen requieren, no slo en el contexto urbano sino tambin en el meditico, y resulta enormemente provechosa, como demuestra el efecto Guggenheim. Para producir un gran salpicn en la piscina de la cultura del espectculo actual ha dicho Hal Foster,  has de tener una gran piedra que tirar, tal vez tan grande como el Guggenheim Bilbao. Muy pocas obras de arte individuales podran desempear ese papel, por no decir ninguna . Volveremos sobre el tema del tamao.
El segundo es la creciente consideracin de la arquitectura como la mayor entre las artes. Lo fue ya en otros momentos histricos (antigedad, medioevo) pero, por alguna razn, a partir del siglo XVIII justo cuando su estudio y su prctica se regularizan a travs de las Academias y tras las genialidades barrocas, entra en un perodo de modesta presencia en los debates artsticos. En el siglo XX el arquitecto reaparece en esos debates pero lo hace en crculos especializados y minoritarios. Hasta los ltimos aos. El prestigio social del arquitecto clebre es mucho mayor hoy que el del artista plstico. Cada nueva creacin de Foster, Hadid, Zaera, Moneo, Ando y no digamos de Herzog y De Meuron o el propio Frank Gehry suponen un gran acontecimiento internacional. El ciudadano aprecia la belleza, la originalidad y la utilidad de su trabajo y no se escandaliza por sus desmedidas ganancias como s hace cuando se trata de artistas. El museo es uno de los gneros arquitectnicos ms abiertos a la experimentacin, al lucimiento, y se acepta, justificadamente, que determinados edificios son en s mismos obras de arte. Han llegado incluso a eclipsar el valor artstico de lo que cobijan y, sobre todo, a ser la razn de ser del museo. No se compite hoy tanto por las mejores colecciones como por los mejores edificios .
Gehry es en particular contemplado como arquitecto-artista, y su edificio de Bilbao es considerado por muchos como su obra maestra hasta la fecha. El mismo Guggenheim dedic en 2001 una exposicin a su trayectoria y en noviembre de 2005 el Artium de Vitoria mostr en otra su proyecto para las bodegas Marqus de Riscal. El edificio de Frank Lloyd Wright para el Solomon R. Guggenheim Museum en Nueva York fue tal vez el primer ejemplo notable de arquitectura estelar y artstica para un museo, que merece la pena visitar por s misma mucha gente sigue hacindolo hoy . Desde entonces es marca de la casa. Las numerosas tentativas, a menudo fallidas, de acuerdo entre la Fundacin Guggenheim y diversas ciudades en todo el mundo han producido ya una pequea coleccin de proyectos de arquitectos clebres, en variadas fases de desarrollo. El septiembre de 2006 se inaugur en Bonn una exposicin con nada menos que veinticuatro propuestas, entre las que figuraban las de Hans Hollein para Salzburgo y Viena, Arata Isozaki para el SoHo neoyorquino y Bilbao, Rem Koolhaas para Las Vegas, Zaha Hadid para Taiwn y Singapur, Jean Nouvel para Tokio, Ro de Janeiro y Las Vegas y Enrique Norten para Guadalajara (Mxico), nica que parece que s se construir.
Parece que la arquitectura es un atractivo motivo en torno al cual organizar exposiciones en los espacios para el arte, y en ms de un sentido. Se exhiben los propios proyectos arquitectnicos recurdese tambin la muestra de arquitectura espaola en el MoMA, por ejemplo, en la que abundaban los diseos para museos y triunfan los fotgrafos actuales que la toman como uno de sus temas principales: Hiroshi Sugimoto, Thomas Ruff, Andreas Gursky, Candida Hoffer o Gnther Frg han retratado construcciones de grandes arquitectos modernos, en imgenes que adquieren un estatus meta-artstico. La arquitectura de Gehry es especialmente fotognica, caracterstica que le ha reportado al Guggenheim muchas pginas en revistas y suplementos de todo el mundo. No slo su museo de Bilbao es el centro de las miradas, claro. Hasta febrero pudo verse en la sala Koldo Mitxelena de San Sebastin una exposicin, Construir, habitar, desocupar, en la que el proceso edilicio de la citada sede para la bodega riojana es protagonista absoluto de las fotografas de Adrian Tyler. Y an ms: el verano pasado, el arquitecto canadiense ide un aparatoso diseo de montaje para las fotografas de Sophie Calle en  una autntica colaboracin entre arquitecto y artista .
Los gestores y los administradores ya saben de los beneficios en imagen que resultan de la colaboracin entre fotografa y arquitectura. La Fundacin Telefnica present hace unos meses los trabajos encargados a ocho de los ms valorados fotgrafos espaoles, Sergio Belinchn, Bleda y Rosa, Jordi Bernad, Manel Esclusa, Aitor Ortiz, Xavier Ribas, Montserrat Soto y Valentn Vallhonrat para documentar la construccin de su nueva sede en Madrid, el Distrito C, obra del estudio Rafael de La-Hoz.
*
El museo de Frank Lloyd Wright es tambin uno de los primeros que se propuso como experiencia y no como conocimiento. En la publicidad que los museos se hacen, en todo el mundo, abunda hasta la nusea la expresin exciting museum . Andrea Fraser se burla de esa oferta de sensaciones extra-artsticas, y desentraa su significado cuando seala que frente al sentimiento, por parte del pblico, de que el arte contemporneo es algo difcil de tragar un desafo, una pldora amarga la arquitectura espectacular convierte una vivencia a priori fastidiosa en algo placentero . Lo excitante y lo placentero tienen connotaciones erticas que Joseba Zulaika identifica; las ciudades ya no quieren eso que antes llambamos museo, sino un edificio dotado de una atraccin sexual capaz de despertar el deseo de las masas y que, adems, sea un museo . La experiencia prometida es menos intelectual que fsica. Y en este sentido, es perfectamente coherente el esfuerzo que en los ltimos aos han hecho los museos para tener entre sus servicios magnficos restaurantes liderados por famosos cocineros. En el Guggenheim Bilbao, por ejemplo, triunfa Martn Berasategui. El arquiturismo se asocia muy naturalmente con el gastroturismo.
Esta dimensin sensorial del museo que va ms all de la relacin con las obras es uno de los componentes fundamentales de los nuevos museos, esos que no son ya fundamentalmente espacios para las artes plsticas. Cuando Iaki Esteban utiliza el concepto ornamento en relacin al museo de arte contemporneo, precisa que ste no se diferenciara en absoluto de otras tipologas ornamentales como el parque de divulgacin cientfica Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, Futuroscope de Poitiers, Forum de Barcelona y que nunca podra aplicarse a un hospital o una escuela, por mucho que se haya cuidado su diseo arquitectnico, dado que se relaciona con la concepcin de la cultura como alternativa de ocio .
El Guggenheim Bilbao ha tenido lgicamente muy en cuenta esas exigencias. En una entrevista ya antigua, Juan Ignacio Vidarte, director del museo, afirmaba que la gente acude all donde se le presentan ofertas atractivas, y los museos en ese sentido 'compiten' con otras actividades con las que la gente puede pasar el ocio: el cine, espectculos, deporte. [...] Porque ahora estn requeridos por estmulos muy diversos: existe la televisin, el cine, la cultura audiovisual tiene una enorme extensin, y eso hace que la gente tenga unos niveles de sofisticacin y de sensibilidad mayores a la hora de captar y catalogar lo que es bueno y lo que es malo . Y ante la pregunta sobre los peligros para el arte derivados de asociarlo con el ocio, responde: Eso es algo muy opinable. Normalmente la gente sabe mejor que los artistas lo que es importante o no lo es [...] tener una oferta aparentemente muy interesante y elevada pero que nadie ve, al final no beneficia a nadie.
Para cumplir con ese programa, en competicin con todo tipo de ofertas de ocio, es imprescindible el alcance meditico, prioritario en la estrategia del Guggenheim. Como dice Zulaika, el museo krensificado al estilo de Thomas Krens se caracteriza por obligar a los medios a producir imgenes espectaculares que fomenten el deseo de los turistas, en grandilocuentes reportajes mediticos . Jon Aza acompa su intervencin en el seminario de Reno con una serie de cuadros de resultados reproducidos en el libro de Akal, uno de los cuales estaba dedicado al aumento espectacular de la atencin de la prensa al museo; en l se informa de que, de 1998 a 2004, se calcula que fue citado ms de 100 millones de veces en los medios . Iaki Esteban califica la informacin periodstica sobre el museo como un refrito de propaganda institucional: del museo, la ciudad, las instituciones y los patrocinadores . Mejor que mejor: la crtica ha quedado prcticamente anulada. En otra entrevista, de este mismo ao de celebraciones, Vidarte nos aclaraba cmo se computa el xito de prensa: un estudio que nos hace una consultora y que nos mide en trminos econmicos cunto valen las noticias que aparecen relacionadas con el museo en la prensa de seis o siete pases del mundo. Los datos son muy alentadores: si fuera publicidad costara entre 25 y 30 millones de euros todo el ao . Me pregunto si estas pginas dedicadas al Guggenheim que est usted leyendo se incluiran en la cuenta.

MISIN ARTSTICA
Hay que reconocerle al Guggenheim que nunca ha ocultado sus mviles. Y, sin embargo, se da en l un curiosa esquizofrenia entre propaganda y secretismo . Se dan pormenorizadas cifras de resultados econmicos pero todo lo que se refiere a la gestin artstica del museo permanece en la niebla. Como ha dicho Krens, mientras la marca Guggenheim est en la fachada del edificio, la Fundacin americana seguir teniendo la mxima autoridad sobre el programa de exposiciones y de adquisiciones . Parece que, en efecto, nadie en Bilbao tiene poder para incidir de forma efectiva sobre esos programas. Hay una directora de actividades musesticas lo ms cercano a un director artstico, Petra Joos, que ha comisariado algunas exposiciones en el museo y es de suponer que tendr al menos voz en las decisiones que se tomen, sin que tengamos constancia de ello. En los ltimos meses las adquisiciones realizadas por el Guggenheim han sido tema de debate en el Parlamento Vasco , en el que la consejera de Cultura, Miren Azkarate, quiso dejar claro que, aunque la presentacin de las ofertas viene de Nueva York, la Sociedad Tenedora Museo de Arte Moderno y Contemporneo de Bilbao S.L. participada al 50% por el Gobierno Vasco y la Diputacin de Vizcaya tiene la ltima palabra y cuenta con sus asesores propios que avalan las compras . La rectitud empresarial de esta sociedad acaba de verse gravemente comprometida al descubrirse el desfalco de cerca de medio milln de euros cometido por el director de Administracin y Finanzas del Guggenheim, Roberto Cearsolo. Pero cindonos a sus actuaciones en lo artstico, quienes fueron y quines son esos asesores que mencionaba la sra. Azkrate? Antes de abrir el museo, en 1993, se cre un equipo formado por Javier Gonzlez de Durana, Javier Viar, Kosme de Baraano, Juan Manuel Bonet, Vicente Larrea y Alfonso Zorrilla, que deba no slo aprobar sino proponer adquisiciones. En 1995 se disolvi, y se contrat al primero de ellos para que juzgara las propuestas llegadas de Nueva York. Se mantuvo en el puesto hasta 1998. He consultado a Durana y me ha proporcionado generosamente gran cantidad de informacin adicional muy til para comprender el proceso. Fue l quien propuso los nombres de quienes integraron la comisin inicial, que no trabajaba para el museo sino directamente para el entonces consejero de Cultura, Joseba Arregi con quien Durana tena una relacin de confianza tras haberle asesorado entre 1987 y 1991 en temas de museos y patrimonio histrico, Guggenheim incluido y que deba funcionar como escudo para frenar con argumentos artsticos a Krens cuando se pasara de la raya en materia musestica y poltica. La comisin quiso actuar con independencia pero lo hizo infructuosamente, pues se vio pronto que el americano no iba a aceptar opiniones ajenas y, sobre todo, crticas con su gestin. Hubo un viaje a Nueva York de la comisin que result hasta ofensivo para sus componentes por el poco respeto intelectual que se les demostr. A pesar de ello elaboraron un primer proyecto de coleccin, no tanto con obras concretas sino identificando los perodos ms interesantes de una serie de artistas que sera deseable tener representados en el museo. En 1995 fue nombrada una nueva consejera de Cultura, M Carmen Garmendia, hasta entonces contraria al proyecto Guggenheim, que tuvo que hacerlo suyo y dej en manos de Krens todo el asunto, disolviendo la comisin asesora. Durana, que estaba entonces dirigiendo la Sala Rekalde, fue contratado para redactar los informes tcnicos y curiatoriales que la administracin vasca necesitaba surgidos de su seno para efectuar los pagos de las primeras adquisiciones para el museo, que an no contaba con el personal que pudiera hacer ese trabajo. Las propuestas venan siempre desde Nueva York, con piezas fijas y precios ya negociados y cerrados. Hice unos 40 o 50 informes en los cuales, por lo habitual, sealaba que los precios me parecan disparatados por sobreelevados cuando se supona que por su ventajosa posicin de museo de prestigio podran lograr precios muy favorables, las obras propuestas no siempre eran interesantes a veces eran mediocres y, sobre todo, no se deduca por ninguna parte haca dnde se quera conducir la coleccin que se iniciaba. El anlisis de mercado que acompaaba cada propuesta sola estar firmado por la directora de Sotheby's en Nueva York, empresa con la que Krens haca sus negocios, y consista en una carta suya con membrete de la casa de subastas en la que, nunca en ms de tres lneas, deca sistemticamente que el precio le pareca ajustado a los precios del mercado y que, por tanto, recomendaba vivamente la adquisicin de la obra propuesta. Esa persona poda tener muy poca objetividad, segn apostilla Durana, quien llama la atencin adems sobre el reciente paso de Lisa Dennison muy involucrada en las compras para Bilbao desde la direccin del Guggenheim a la misma casa de subastas con la que el museo ha firmado tantas y tan abultadas operaciones. Lo que se dijera en los informes vascos no importaba, pues se trataba tan slo de un trmite administrativo. Cuando en 1998 el museo pudo ya contar con personal propio se rescindi el contrato de Durana.
Desde entonces, no hay un responsable visible. A travs del acta de la mencionada comparecencia de la  consejera en el Parlamento, que fue llamada para que explicara cmo es que se perdieron seis millones de euros por una mala gestin en compra de divisas y por qu el Guggenheim se negaba a decir cunto ha costado cada obra adquirida , nos enteramos que han desempeado ese papel, en distintas operaciones, Carmen Gimnez y Robert Rosenblum (ambos conservadores del museo en Nueva York), Francisco Calvo Serraller (muy cercano a Gimnez), Rainer Michael Mason y Matthias Brmann (colaboradores de Baraano, que ha tenido desde la sombra mucha mano en el museo),  Phyllis Tuchman, Hans Ulrich-Obrist, Emmanuel Guigon, Fernando Castro Flrez y Juan Manuel Bonet.
He pedido a Fernando Castro Flrez que me confirmase si efectivamente l ha avalado alguna compra del museo y me ha dicho, sorprendido y enojado, que no es cierto. Tambin a Hans Ulrich Obrist, que responde categricamente: Nunca he pertenecido a ningn comit en Bilbao, no he tenido ningn tipo de relacin con el Guggenheim y no conozco a la gente que trabaja all. El nico contacto que tuve con el museo fue cuando me pidieron que escribiera un pequeo texto sobre Gilbert and George para un catlogo, y lo hice. Estara mal que el gobierno vasco extrapolase que ese escrito para un catlogo significa que soy asesor del museo. Cmo puede utilizar la consejera sus nombre? Se trata de una mentira deliberada para justificar la pasividad de la Sociedad Tenedora? Juan Manuel Bonet, por el contrario, ratifica que s escribi en una ocasin un informe puntual y breve, a peticin de Vidarte, para la adquisicin, cree recordar, de una obra de Chillida, y alude con humor al secretismo inicial de los tiempos en que form parte de la comisin asesora, cuando, en sus frecuentes visitas a Bilbao, si me encontraba en la calle con algn amigo o conocido, tena que hacer como si hubiera ido a tomarme unos pinchos. Etapa en la que vimos bastantes cosas tanto en Espaa, como en Nueva York y Alemania  pero no lleg a comprarse nada.
Krens, siempre tan franco, explicaba as el proceso actual: Hay cierto grado de discrecin y cierto grado de transparencia final. Cuando introducimos una propuesta de adquisicin nuestros curadores escriben un argumento para documentar por qu es importante. Entonces obtenemos tres estimaciones por escrito de reconocidos expertos como Sotheby's, Christie's y alguien ms independiente que testifican su valor. Con la tasacin del mercado en la mano hago una presentacin al comit que tiene que aprobar la adquisicin. No aprueban todo lo que proponemos, aunque s la mayora de las cosas, porque estn muy documentadas y hechas muy profesionalmente, y finalmente se convierten en parte de los documentos pblicos, pero no llevamos a cabo este proceso en la prensa nacional .
Y qu se ha comprado en estos aos? La coleccin actual se compone de 85 obras de 47 artistas que han costado unos 90 millones de euros. Muy pocas para diez aos. En ajustadas palabras de Javier Viar, actual director del Museo de Bellas Artes de Bilbao e integrante de la primera comisin asesora del museo vecino, se tratara de una coleccin pequea comprada a precios americanos . La cual tiene como una de sus misiones prever un contenido para el museo en caso de que, dentro de otros diez aos, cuando concluya el plazo del acuerdo con la Fundacin Guggenheim, ste no se renovara. Si contina el ritmo de compras actual, pongamos que el Guggenheim Bilbao poseer 170 obras en 2017. Un pobre acervo, por importantes que sean las piezas. El MUSAC de Len, que se inaugur en abril de 2005, tiene en la actualidad 910 obras de 316 artistas, con un presupuesto anual para adquisiciones de un milln y medio de euros. Dentro del Pas Vasco, se considera que la coleccin ms slida es la del Artium de Vitoria, con slo 400.000 euros anuales para adquisiciones y centrada en arte espaol y vasco, pero con una experiencia de dcadas heredada del Museo de Bellas Artes de lava, una constancia y una atencin a los artistas que despuntaban en cada momento que han dado sus frutos.
Cmo se entiende desde Nueva York lo que debe ser la coleccin de la sucursal vasca? De los 47 artistas representados en la coleccin, 20 son espaoles. Es una buena proporcin. Aunque Zulaika diga, exagerando slo un poco, que slo se compra a los espaoles que viven en Nueva York o estn en el mercado americano . El impacto directo en el mercado del arte espaol es pequesimo, y en el vasco prcticamente nulo pues, para efectuar las compras, se prefieren las casas de subastas internacionales y las galeras de Madrid. La liaison de Krens con Sotheby's es notoria. El episodio quiz ms reprobado de su carrera es el de la venta, a travs de esta casa de subastas, de varias obras importantes de la coleccin Guggenheim Kandinsky, Chagall, Modigliani para hacer frente a las dificultades financieras de la institucin. En la sucursal de Viena compr tambin obras de Beuys para el Guggenheim Bilbao que luego resultaron ser falsas .
Examinado lo comprado, se podra deducir que son dos los principales criterios que rigen las compras: la firma y el tamao. Desde un principio, se decidi que en el museo slo entraran artistas de primera categora. Son, en efecto, casi todos bien conocidos, bien situados en el mercado y con obras pictricas y escultricas de marcado carcter objetual. Cualquier coleccin deseara tener en su catlogo al 95% de ellos, aunque no siempre con las piezas de Bilbao. La firma es importante no slo como garanta de inversin sino tambin porque funciona como marca, caracterstica muy apreciada en el contexto del consumo, tambin el cultural. Lo gracioso es que a veces parece haberse comprado por metros cuadrados. No tanto grandes obras de arte como obras de arte grandes. Los ms de 10 metros de largo del Warhol, los 7 del Rosenquist, los 4'5 del Rothko, los 11 del Gilbert and George, los 6 del Tpies, los 8'5 del Urzay... o los 12 que suman los nueve paneles de la ltima adquisicin del museo, de Cy Twombly, que han costado entre 20 y 22 millones de euros, sobrepasando en mucho el presupuesto anual. Lo mismo cabe decir de la escultura monumental dentro y fuera del museo: los impresionantes hierros de Richard Serra, las Venus espaolas de Jim Dine (ms de 7'5 metros de altura, el perrito de Jeff Koons (ms de 12) o la descomunal araa de Louise Bourgeois... Las dilatadas dimensiones de los espacios arquitectnicos piden, parecen pensar los responsables de las compras, obras gigantes. Los nuevos museos, como seala Andrea Fraser, tienen la obsesin de crecer. Los grandes espacios y el arte grande atraen al gran pblico . Curiosamente, dice tambin Fraser, los dos espacios para el arte ms grandes de Europa, el Fish del Guggenheim y la Turbine Hall de la Tate Modern, se dan en grupos musesticos que siguen la poltica de expansin mediante sucursales. El tamao es uno de los factores clave de la espectacularizacin. Hal Foster saca conclusiones de esta tendencia, expresada de forma consumada en el Guggenheim Bilbao, que afecta a la correcta comprensin de las obras de arte: Como otros muchos nuevos museos, sus espacios colosales estn diseados para alojar el arte de 'campo expandido' posterior a la II Guerra Mundial de Andre, Serra, Oldenburg y sus variados sucesores. En realidad, estos museos falsifican el arte: utilizan la gran escala de la escultura, concebida para desafiar al museo, como pretexto para inflarlo hasta convertirlo en un gigantesco espacio-espectculo que se traga al arte y no digamos al espectador .
Pero la coleccin propia es, supuestamente, un complemento para la gran coleccin Guggenheim internacional. Se podra pensar que la mera posibilidad de que el ciudadano vasco y espaol pueda gozar de las colecciones de Nueva York y Venecia justifica plenamente la operacin. Sera cierto si verdaderamente hubiera en Bilbao una presentacin continuada y nutrida de esas colecciones. Pero no es del todo as. A veces no hay nada. Las exposiciones temporales ocupan gran parte del espacio disponible y, como dice Esteban, las presentaciones de la coleccin permanente americana, que se suelen limitar a un artista o un momento histrico, no pasan habitualmente de las veinte obras . Tal vez lo ocurrido en Bilbao haya decidido a las autoridades venecianas a rechazar en abril de 2007 el proyecto del Guggenheim para la Dogana, en favor del coleccionista francs Franois Pinault: la propuesta de la Fundacin Guggenheim no especificaba qu obras estaran expuestas permanentemente en el museo dijo Luigi Bassetto, director de Patrimonio en Venecia, a France-Presse. Por contra, el proyecto para Abu Dabi, con sus graves contradicciones, va adelante y a partir de ahora muy directamente supervisado por Thomas Krens . El pasado noviembre se comunicaron datos del acuerdo: el gobierno del emirato nombrar un comit que administrar las adquisiciones y los encargos para crear la coleccin propia aunque los profesionales del Guggenheim en Nueva York harn recomendaciones. Krens ha reconocido que no tendr carta blanca . As iba a ser en Bilbao.
*
Es evidente que la exposicin temporal es, despus del edificio, la gran herramienta de atraccin de visitantes. Y, tras los fastos de la apertura del museo, fuente inagotable de actividad poltica y de patrocinio, a travs de inauguraciones, ruedas de prensa, cenas ... Pero tambin el programa de exposiciones se decide en Nueva York. Y aqu, el compromiso con el medio artstico vasco y espaol brilla por su ausencia. Si en la coleccin encontrbamos ms o menos un 40% de nombres espaoles aunque la proporcin de la inversin total en adquisiciones sea mucho menor, el repaso pormenorizado de las muestras realizadas en estos diez aos resulta muy decepcionante en cuanto al apoyo a lo propio. Pero es muy instructivo porque revela que s existen unas ideas rectoras.
En primer lugar, las grandes exposiciones histricas, realizadas por motivos estratgicos para la Fundacin Guggenheim, que son slo tres: las dedicadas a China, Rusia y el imperio azteca, ms una de autobombo, Art in the USA . Las negociaciones con los gobiernos de esos pases para instalar sucursales en ellos explican la inslita atencin a esas venerables culturas por parte de un museo de arte contemporneo. En segundo, muestras fciles, de relleno, que se traen en bloque de otros museos con los que la fundacin tiene acuerdos de colaboracin: el Hermitage de San Petersburgo Rubens y su poca el Kunsthistorisches de Viena la de obras maestras que se inaugurar en 2008 o la Albertina De Durero a Rauschenberg; Miguel ngel y su tiempo. En tercero, tambin de conveniencia para Nueva York,  colecciones particulares que la fundacin codiciaba: la Blake-Purnell de arte figurativo que ha acabado en el Boston Museum of Fine Arts y la famosa de Eli Broad quien en enero anul la prometida donacin al LACMA en Los Angeles, das antes de que se inaugurara all un anexo que lleva su nombre, el Broad Contemporary Art Museum, y ha decidido ahora que se limitar a prestar obras a distintos museos; en el caso de la coleccin de fotografa de Henry M. Buhl, miembro y ex-presidente del Comit de Fotografa del Guggenheim de Nueva York, se trat, deduzco, ms bien de un agradecimiento por la dedicacin y los fondos para adquisiciones que ha entregado al museo. No tengo noticias, por el contrario, de que el Guggenheim tenga compromisos o intereses declarados en relacin a la coleccin de Jean Pigozzi, con la que se mont 100% frica. Cuarto tipo de exposiciones, las que no son de arte pero se venden a cambio de un buen patrocinio y atraen muchos visitantes: las motos y Armani. Quinto, las ms interesantes, que analizan relaciones artsticas y culturales o profundizan en un momento histrico, como Pintores, escultores y la cmara, Arquiescultura o Amazonas de la vanguardia. Sexto, las ms abundantes, presentaciones monogrficas de artistas clebres, la mayora americanos: Rauschenberg, Frankenthaler, Warhol, Serra, Salle, Calder, Clemente, Paik, Rothko, Rosenquist, Dubuffet, Kiefer. Sptimo, arte vasco y espaol, que se cuentan con los dedos de las dos manos: Iglesias, Chillida, Valds, Oteiza, Palazuelo, La torre herida por el rayo, Incgnitas. Cartografas del arte contemporneo en Euskadi y Chacun son got. No se deben considerar exposiciones las mnimas presentaciones de fondos propios de Saura, Miquel Navarro, Lazkano, Juregui, o las colectivas Arte contemporneo vasco y espaol y Transparencias, sta con slo cinco obras tambin pertenecientes al museo bilbano.
El libro de Iaki Esteban, que es muy crtico en algunos aspectos y adems refleja justamente la ausencia de crtica en los medios de comunicacin hacia las interesadas operaciones de la Fundacin Guggenheim a cuenta de los vascos, no censura sin embargo la falta de enjundia del programa expositivo del museo. En su opinin, como el Guggenheim se justifica por su funcin cultural hace lo posible por mantenerla. El autor rechaza dos extremos evidentes: que el museo de Bilbao s es una sucursal del neoyorquino y que se ha rendido al espectculo a travs del aligeramiento de contenidos . Pretende demostrar su postura poniendo como ejemplo las dimensiones casi inabarcables de la exposicin de China. Sin embargo, la mayora de las exposiciones han sido pequeas y perfectamente asimilables. Es verdad que no pueden calificarse de traca festivalera , pero tampoco se puede hablar de una lnea seria de trabajo expositivo. Y me parece que yerra, mostrando poco aprecio por la creacin actual, cuando dice que el Guggenheim Bilbao ha tenido inclinacin a mostrar lo ms efectista del arte contemporneo, un aspecto inevitable dentro del mismo panorama artstico de nuestros das, en el que ya nadie se dedica a las miniaturas flamencas o a similares realizaciones logradas con talento y paciencia .

GU
En cualquier caso, como dice Zulaika, si una exposicin no llega al medio milln de visitantes se considerar un fracaso. Cifras que, piensan los responsables del museo, los artistas locales no podran conseguir . A da de hoy, el Guggenheim no ha logrado normalizar sus relaciones con el medio artstico vasco. El Gu de la publicidad cumpleaera no acaba de convencer. Todo deriva de que, como concluye Andrea Fraser, el Guggenheim Bilbao es menos el resultado de una poltica cultural que el producto de una poltica econmica . La artista demuestra haber comprendido bien la esencia del proyecto cuando explica que el partido nacionalista firm un acuerdo que exclua lo nacional pero implicaba una maniobra anti-Madrid . En este sentido, y en ningn otro, resulta coherente el prolongado empeo por parte de los responsables polticos del museo de trasladar el Guernica a Bilbao, subrayado por Esteban .
Los artistas vascos no se sienten vinculados al museo, e incluso llegan a profesarle animadversin. Cuando Juan Luis Moraza intentaba el ao pasado montar en tiempo record su Incgnitas. Cartografas del arte contemporneo en Euskadi , se encontr con que varios artistas destacados se negaron a llevar sus obras al Guggenheim. Desde el museo no se ha fomentado la produccin y los profesionales no han sido invitados a involucrarse en sus dinmicas. El hecho de que no haya en l apenas personal dedicado al trabajo ms puramente artstico como dice Esteban, hay slo dos comisarios fijos en plantilla, frente a los muchos abogados y economistas contratados no favorece el dilogo con comisarios, crticos, artistas... Como casi todo el trabajo curatorial se hace en Nueva York e incluso all el protagonismo del comisario se supedita a la marca Guggenheim apenas ha habido especialistas espaoles en las exposiciones del museo: Gonzlez de Durana, Kosme de Baraano, Manuel Borja-Villel, Txomin Badiola, Rosa Martnez y Juan Luis Moraza han sido, creo, los nicos que han firmado alguna muestra. El museo bien podra mantener un pequeo programa de formacin de jvenes comisarios. No lo hay, como tampoco se ha favorecido, hasta ahora, el debate en su seno. Un museo de arte contemporneo activo, eficiente y comprometido debera ser siempre un centro de arte desde el que se apoya la creacin, funcionando como punto de encuentro no slo de los profesionales del arte con sus pares, sino tambin de stos con el pblico. Pero el nuevo museo turstico no est para eso.
La publicidad institucional del museo prometa convertir Bilbao en un gran centro cultural y artstico. Deca Jon Aza que liderar el mundo de los museos atrae y afianza la presencia de artistas, de educadores, coleccionistas, gestores, gobiernos, patrocinadores, ejecutivos y, sobre todo, fomenta la imaginacin. Algo de esto s ha habido, segn me confirma Ignacio Mgica, uno de los directores de la galera Carreras Mgica, antigua Colon XVI, que abri cuatro aos antes de que se inaugurara el Guggenheim. Antes del museo, para el mundo del arte internacional Bilbao no exista. Ahora, cuando una galera va a una feria en el extranjero es fcil que sus interlocutores sepan dnde est la ciudad e incluso la hayan visitado, comprobando que hay vida artstica en ella. Es menos difcil convencer a un artista forneo, dice el galerista, para que exponga all, y a los coleccionistas europeos y espaoles les da menos pereza desplazarse, por lo que las ventas se han animado bastante . Luego veremos cmo ha afectado al coleccionismo local. Es tambin verdad que en el Pas Vasco se han creado nuevas infraestructuras artsticas en estos aos Artium y Montehermoso en Vitoria; los museos de Chillida y Oteiza, Sala Kubo en el Kursaal y Tabacalera en San Sebastin.... En Bilbao se ha desdoblado la sala de la BBK, se ha creado el centro de produccin BilbaoArte y ha abierto alguna galera, aunque siguen siendo muy pocas: ocho en el plano-agenda Bilbao Contemporneo. Ya est.
Tambin se auguraba la proyeccin internacional del arte vasco. No parece que los artistas vascos hayan traspasado fronteras gracias al museo, aunque se reconozca el mayor movimiento que mencionaba Mgica. Anna Maria Guasch constata que el Guggenheim no se hizo vasco, a pesar de las promesas de Krens, y que la cultura vasca no ha influido en el programa del Guggenheim internacional . Slo Oteiza e Iglesias han llegado a la sede neoyorquina con individuales, y las obras de artistas vascos que posee la bilbana nunca aparecen en las publicaciones de la constelacin Guggenheim. Es muy significativo el relato que el periodista Kim Bradley haca en Art in America de su experiencia como invitado de las autoridades vascas cuando se abri el museo: aparte de visitas superficiales a las esculturas pblicas de Chillida y al Museo de Bellas Artes de Bilbao, no se nos hizo mencin de la escena artstica actual, de artistas, galeras o espacios alternativos, otros museos regionales o escuelas de arte .
En este ltimo ao ha habido algunos signos que indican al menos una nueva disposicin. Que se hayan organizado dos colectivas dedicadas al arte vasco en un solo ao constituye todo un rcord. En marzo de 2007, el museo puso en marcha junto a la mencionada agrupacin de galeras un sistema de apoyo al coleccionismo particular entre los Amigos del museo que son muchos, ms de 16.000 : el Club de Compra Bilbao Contemporneo, con slo diecisis obras ofertadas, dos por galera y un sistema de pago por cuotas mensuales. La respuesta fue casi inaudible: no llegaron a la docena las obras vendidas (con un precio de 1.000 o 2.000 euros), pero los galeristas estn contentos porque el museo ha demostrado que desea apoyar su labor, y esperan que en la prxima campaa se explique mejor la disponibilidad de obras adicionales y haya ms interesados . Ignacio Mgica, a pesar de que el negocio va mejor, tiene claro que no han surgido muchos ms coleccionistas en Bilbao y que pretender que el Guggenheim invierta una parte de su presupuesto de adquisiciones en las galeras de Bilbao es pedir imposibles. Y, sin embargo, al museo no le costara mucho hacerse con una buena representacin del arte vasco de las ltimas dcadas. Con lo que han costado los Twombly sobrara pero, pensando en el futuro, con que se reservara una dcima parte del presupuesto anual de compras para los artistas vascos se podra ir avanzando rpidamente.
Vidarte parece ms receptivo a las demandas del mundo artstico: si Moraza, un artista relativamente bien tratado por el museo, acept hacer el comisariado mencionado fue a cambio de un compromiso por parte del director de ser constante en el seguimiento museogrfico del contexto regional a travs de exposiciones temticas, histricas, proyectivas, retrospectivas, personales, colectivas, culturales, etc. . La muestra de Moraza, que era sobre todo documental, se concibi como un prefacio de un proyecto de confeccin progresiva de una cartografa del arte moderno y contemporneo en el Pas Vasco. Adems, el mismo artista ha dirigido en estos meses un ciclo de conferencias y mesas redondas titulado Artes suspensivos. Foro de arte contemporneo en el Pas Vasco en el que han participado artistas y especialistas de diversas generaciones y que han tenido como marco el saln de actos del museo.
Lo que no ha cambiado es la clarsima vocacin empresarial que el Guggenheim Bilbao ha tenido desde su misma concepcin. Necesita al gran pblico pero, en la misma medida, necesita al capital. Por una parte tiene la presin de la autofinanciacin y por otra debe cumplir la promesa de funcionar como imn para inversores en la ciudad. Jon Aza define el Guggenheim como smbolo del apoyo a los congresos econmico-culturales de primer nivel y fuerza motriz de las compaas vascas . Como dice el artista Hans Haacke, citando un folleto del Metropolitan, El negocio del arte conoce el arte de los buenos negocios . El trabajo de captacin de patrocinadores realizado por el Guggenheim ha tenido repercusiones cada cual opinar si positivas o negativas en la extensin de la prctica del patrocinio en la regin, que ha llegado con menos dificultad que antes a otras instituciones artsticas; stas, por otra parte, se ven obligadas a competir con el atractivo y la presencia meditica del museo de Bilbao para seducir a sus benefactores . La atencin prioritaria a las empresas es una consigna heredada de Nueva York y reforzada en el contexto vasco. La web del museo neoyorquino presenta sus actividades en este terreno con una expresin de significado inconfundible Corporate entertaining y con la siguiente explicacin: En sus cinco diferentes ubicaciones incluye Bilbao, el Museo Guggenheim ofrece varios espacios arquitectnicos nicos para que los miembros corporativos se refiere a sus patrocinadores reciban a sus clientes, colegas, empleados y otros invitados. En Bilbao, los espacios disponibles son el atrio, el auditorio, el vestbulo, la cafetera y el aula de educacin. El departamento encargado de atenderles tendr mucho trabajo: son 148 los miembros corporativos, entre instituciones y empresas. A pesar de ello, el porcentaje de autofinanciacin del museo descendi en 2007 del 75% al 65%.
Lamentablemente, los vascos visitan cada vez menos el museo: slo un 6% de los visitantes en 2007, unas 60.000 personas. El precio de la entrada, que debe ser el ms caro de Espaa (10,50 euros), seguramente habr influido en la falta de fidelidad. Algo que debera preocupar a los responsables polticos, pues los museos los de antes y los de ahora tienen la obligacin de trabajar para los ciudadanos, no para los polticos o sus patrocinadores. Y ms cuando se nutren de nuestros impuestos. Estamos en un momento extraordinario en cuanto al inters que un pblico cada vez mejor informado muestra hacia el arte contemporneo. Una buena gestin musestica debera aprovechar ese deseo de aprender y de participar defendiendo una misin y una programacin en las que el contenido prime sobre el continente. El Guggenheim es lo que se firm que fuera: el margen de maniobra es limitado, pero existe la posibilidad de que desde la sociedad vasca y desde sus rganos de gobierno se exija mayor transparencia y una vocacin de servicio pblico ms clara.
La ocasin de imprimir un giro al museo se ha presentado. El 28 de febrero se hizo pblico que Thomas Krens abandonaba la direccin de la Fundacin Guggenheim para centrarse en el proyecto de Abu Dabi. Continuar siendo consejero para asuntos internacionales, lo que seguramente prolongar en alguna medida su influencia en Bilbao, pero las condiciones en las que se ha producido su cese hacen pensar que ya no llevar la voz cantante. El patronato de la fundacin ha dejando de apoyar sus desproporcionados planes expansionistas, y se muestra ms preocupado por restituir al museo de Nueva York el prestigio perdido y, sobre todo, por las enormes dificultades para encontrar un buen director para l, tras la marcha de Lisa Dennison en julio, mientras Krens estuviera al mando. Aqu tardaremos en sentir los efectos del cambio. La empresa cazatalentos Phillips Oppenheim debe buscar al sucesor de Krens a la vez que intenta localizar un sustituto para Philippe de Montebello en el Metropolitan, y habr que ver hacia dnde quiere caminar la constelacin Guggenheim. Vidarte y sus patronos polticos disponen de unos meses para replantearse sus objetivos y sus procedimientos, y mantener despus un dilogo ms equilibrado con los estadounidenses.

 

 

 

                 Autor ste del primer estudio sobre la gnesis del museo, publicado por Nerea en 1997: Crnica de una seduccin: El Museo Guggenheim Bilbao.

                Arts audiences become artworks themselves: as titulaba Michael Kimmelman su crtica de la exposicin de Struth en la galera Marian Goodman. The New York Times, 10 de abril de 2007.

                Ahora mismo se trabaja en Venecia en el acondicionamiento de la Dogana para la coleccin del francs Pinault; en Berln, el grueso de los expuesto en la Hamburger Bahnhof pertenece al polmico Friedrich Christian Flick; en Valladolid, tenemos la Coleccin Arte Contemporneo en el Patio Herreriano.

                "When the building is this good, who gives a fuck about the art?" Philip Johnson, citado en "53 Design Classics," One Magazine, april/mayo de 2001), p. 64.

                Esteban lo cita y puntualiza que, de momento, el museo no puede prescindir del arte. O s. Se extiende el formato Centro de interpretacin, que encanta a ayuntamientos y comarcas con algn atractivo natural o patrimonial, y que se monta con unos cuantos paneles interactivos, proyecciones e ingenios tecnolgicos. Y ya hay quien se atreve a llamar museo a algo que no lo es ni por asomo, como el MAM o Museo Abierto de Mrida, con diseo de Rafael Mesa, que es slo un centro de informacin y recepcin de turistas, con tienda y restaurante.

                Deborah Solomon, Is The Go-Go Guggenheim Going, Going..., The New York Times, 30 de junio de 2002. Cita tambin al pintor Frank Stella, que ve otras motivaciones: La gente que pone el dinero confa en el valor del edificio; saben que no les estn timando. No quieren gastar 60 millones de dlares en un Van Gogh porque piensan secretamente que la propiedad inmobiliaria los vale y el cuadro no.

               Hal Foster, Why all the hoopla?, London Review of Books, 23 de agosto de 2001.

              Se acaba de inaugurar el Caixaforum de Madrid, con diseo de Herzog & De Meuron. La rueda de prensa estaba atestada, con numerosos corresponsales extranjeros que jams se habran molestado en ir a conocer cualquier otro centro cultural de una caja de ahorros espaola. Estaban all por la arquitectura. Y, de nuevo, el conservador programa con el que arranca el centro -esculturas de Mitoraj!-contrasta con la decidida apuesta por la vanguardia arquitectnica.

                Guasch y Zulaika citan a Vittorio Magnano Lampugnani: museos como obras de arte que albergan otras obras de arte, en segundo plano. Aprendiendo del Guggenheim Bilbao. El museo como instrumento cultural, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, p. 16.

                Guasch y Zulaika, p. 17.

                En el citado artculo de Solomon: As Krens says, 'The Frank Lloyd Wright building is the greatest work in the collection'.

               Sophie Calle mostr la serie Exquisite Pain. El montaje se hizo en la sala Rotonde1.

              Guasch y Zulaika (p. 17) sealan que es James Cuno Against the Discursive Museum en Peter Noever (ed.), The Discursive Museum, Hatje Cantz, Viena, 2001 p. 45  quien ha definido ese paradigma del exciting museum.

              Andrea Fraser, No es un lugar maravilloso?, en Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, p. 45.

               Joseba Zulaika, Bilbao deseada, en Aprendiendo del Guggenheim Bilbao  p. 163.

              Iaki Esteban, El efecto Guggenheim, p. 17. Guasch y Zulaika (p. 15) sitan el origen de la museificacin globalizada en el Centro Pompidou de Pars, que descubri un nuevo tipo de pblico, ms cercano a la industria del turismo y la revitalizacin de las economas urbanas.

              Entrevista de Estibalitz Ezkerra en Euskonews & Media, n 91, 15 de septiembre de 2000.

             Zulaika,p. 164.

              Jon Aza, El Guggenheim Bilbao: estrategias coopetitivas, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, p. 95.

               Esteban,p. 21

              Entrevista de Maite Redondo en Deia. En la web del peridico, seccin Especiales.

              Esteban, p. 141: dinero pblico y decisiones privadas.

             Entrevista de Mercedes Gallego. Especial 10 aos, El Correo Digital. En la web del peridico, seccin Especiales.

             Como dice Esteban (p. 27), el debate cultural sobre si es un museo espectculo no importa. Pesan ms los ataques polticos y econmicos que son los que llegan a los peridicos y a la arena poltica.

              Se puede consultar el acta de su intervencin en la web del Parlamento Vasco: www.parlamento.euskadi.net/pdfdocs/publi/3/07/05/20040511.pdf

             Y no la convencieron: sigue siendo secreto, aunque s se conoce el gasto global, de unos seis millones de euros al ao.

            Entrevista de Mercedes Gallego. Especial 10 aos, El Correo Digital.

            Javier Viar, El Guggenheim, un socio para las artes, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, p. 112.

             Zulaika,p. 165. Tambin Viar seala la conexin con Nueva York como criterio de compra (p. 113).

              Zulaika, p. 171.

             Fraser,pp. 60-61.

            Foster.

            El autor calcula un 15% del espacio para la coleccin (pp. 70 y 76). El ao que viene, segn ha anunciado el propio museo, slo habr una presentacin de la coleccin permanente de los museos Guggenheim: un conjunto de instalaciones de Matthew Ritchie, David Altmejd, Candice Breitz, Omar Fast y Alexandra Mir.

            Abu Dabi impide la entrada al pas a ciudadanos israeles o de cualquier otro pas que tengan sellos de Israel en su pasaporte. Se da la circunstancia de que el Guggenheim fue fundado por una familia juda, posee obras de numerosos artistas de tal confesin y, en su sede rabe, ser diseada por el judo Gehry, como ha subrayado Jerry Saltz. Adems, sus leyes persiguen la homosexualidad (y hay tantos artistas de esa condicin sexual y tantas obras que la reflejan) y su sensibilidad no permite la exhibicin de desnudos (qu decir de su abundancia en el arte occidental moderno y contemporneo). Krens tendr que salvar situaciones difciles, aunque la respuesta de los intelectuales estadounidenses ha sido mucho menos airada que la de los franceses, que tendrn que ver cmo el Louvre abre sucursal en Abu Dabi.

            Informacin de Robin Pogrebin en The New York Times, 14 de noviembre de 2007.

            Esteban, p.76.

           Esteban, p. 75: cada vez que han existido negociaciones serias con un pas para llevar all el Guggenheim se ha dedicado una gran exposicin a su cultura. Pas tambin con Brasil, que no lleg a Bilbao.

          Esteban, p. 81.

            Esteban, p. 25.

                Esteban, p. 101

               Ibid.

              Zulaika, p. 164.

              Fraser, p. 50.

              Zulaika, p. 169: la cesin de soberana poltica es impensable, pero aceptable la cesin de soberana cultural.

              Esteban, p. 118.

              La propuesta de Rosa Martnez, tan lejana a la visin del arte vasco que tiene el museo, haba producido vrtigo a Vidarte y quiso contextualizarla con una seleccin de la coleccin propia. Moraza propuso otra cosa.

             Esteban, p. 70. El Guggenheim Bilbao no se presenta, dice, como un modelo de museo sino como un modelo de gestin.

            Lo dijo Lisa Dennison cuando fue nombrada directora en Nueva York. Tyler Green, Krens Relinquishes The Ramps! Ms. Dennison To Feed Starved Gugg, The New York Observer, 2 de octubre de 2005: Con Krens, las exposiciones blockuster se organizaban desde la cumbre y la tarea curatorial era escasa. 'Creo que nuestros comisarios merecen seguramente mayor visibilidad y prominencia de las que obtienen, sea por una razn u ora', dijo Dennison. 'Me parece que si me preguntara quines son los cinco comisarios estrella en el MoMA le podra contestar tal, tal y tal. Pero no me parece que el hombre de la calle en Chelsea pueda nombrar cinco comisarios estrella en el Guggenheim'.

              Adems, el Artium, el Museo de Bellas Artes de Bilbao e instituciones pblicas como la Diputacin de Vizcaya son activos coleccionistas del joven arte vasco que ms abunda en estas galeras locales.

                 Anna Maria Guasch, Museos globales versus artistas locales, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, p. 197. El propio museo, opina Guasch, es un non-site, desvinculado de la ciudad; una adaptacin del diseo de Gehry para el auditorio Walt Disney Hall en Los ngeles. Y sus contenidos no tienen nada que ver con la tradicin artstica vasca.

                Kim Bradley, The deal of the century - opening of the Guggenheim Museum Bilbao, Spain, Art in America, julio de 1997.

                El tercer museo europeo con ms amigos, despus del Louvre y la Tate Gallery.

               Petra Prez, de la galera Vanguardia: Que el museo haya puesto a nuestra disposicin la posibilidad de hacerlo conjuntamente e informar desde sus publicaciones, es una oportunidad que no podemos desaprovechar.

               Carta de Juan Luis Moraza a los artistas en Euskadi, publicada en diversos medios de comunicacin.

                Aza, p. 85.

               Hans Haacke, El Museo Guggeneheim: un plan de negocios, Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, p. 118.

              Viar, p. 109: mientras el Guggunheim tiene 31 patrocinadores, el Museo de Bellas Artes slo 9. Y 14.000 amigos en el primero frente a 1.600 en el segundo (datos de 2004). Viar hace una crtica velada a su vecino al hablar de la realidad socioeconmica particular del Guggenheim y al apuntar que buena parte de las actividades del Guggenheim se realizan a puerta cerrada y de espaldas a otras realidades circundantes.